sábado, 2 de agosto de 2014

¿Quieres estresarte?

Todo el tiempo hay cosas que se salen de nuestro control. Algunas de ellas se deben a nuestras fallas: descuidos, olvidos, limitaciones, errores...; otras se deben a circunstancias que nos superan.

En cualquiera de los casos, cuando algo se sale de nuestro control, nos estresamos. Y ante este estrés, reaccionamos enfadándonos, insultando (a veces insultándonos a nosotros mismos), recriminando; es decir, ante el estrés reaccionamos estresándonos más, como si eso fuera a traernos una solución. Sin embargo, no es así: estresarnos de más no nos lleva a una solución y, en la mayoría de los casos, al contrario, nos nubla el juicio y nos impide ver las soluciones, si las hay. Además, estresarnos de más nos trae más problemas que se suman al problema original que nos causó estrés en primer lugar. Es decir que al reaccionar al estrés, caemos en un círculo vicioso.

No podemos evitar que las cosas se salgan de nuestro control. No podemos evitar tener problemas ni cometer errores. El estrés (literalmente, la presión) es inevitable. Pero sí podemos evitar caer en el círculo vicioso de responder al estrés con nuestro primer instinto, lo cual sabemos que nos acarreará más dificultades.

El estrés es como un piquete de mosquito. Es la comezón inicial que nos provoca el piquete. Ésa no la podemos evitar: si un mosquito nos pica, sentiremos comezón. Nuestra primera reacción ante la comezón será rascarnos, pero sabemos bien que al rascarnos sólo lograremos que la comezón crezca. ¿Qué podemos hacer entonces? Podemos decidir no rascarnos. No es fácil. Requiere atención (si nos distraemos, es probable que nos rasquemos sin darnos cuenta). Pero una vez que logramos vencer la tentación de rascarnos, la comezón comienza a desaparecer con rapidez.

Con el estrés es igual. El problema que tengamos, sea cual sea, es el piquete del mosquito. Ese estrés que sentiremos derivado de ese problema es la comezón inicial. Enojarnos, recriminarnos y maldecir es como rascarse. Es una tentación, un instinto que sentimos ante el estrés. Tal vez incluso nos proporcione un alivio momentáneo, pero sin lugar a dudas, el resultado será simplemente que nos estresemos más. La buena noticia es que podemos decidir no estresarnos. Podemos cerrar los ojos, contar hasta diez, esperar a que el enfado pase. Esto lo podemos lograr siendo conscientes, prestando atención a nuestras sensaciones. Tristeza, enojo... ahí están. Hay que dejarlas pasar, no responderles, no rascarlas. Y así, pronto, el estrés se irá.

El problema no acabará ahí. Seguirá existiendo. Pero ahora, sin comezón, podremos pensar tranquilamente en cómo solucionarlo. Y si resulta que no podemos solucionarlo, podremos simplemente aceptar que el mundo no está diseñado para complacernos en todo momento.

PS: Sé que esto parece libro de autoayuda, pero también sé que es verdad.


viernes, 25 de julio de 2014

El amor no se equivoca

Fotografía de Braden Summers, tomada de http://ovejarosa.com/las-14-imagenes-mas-bellas-del-amor-homosexual/

Hoy veo a dos amigos míos abrazarse, besarse, hacerse regalos. Decirse: "los momentos que he pasado a tu lado han sido los mejores de mi vida". Están enamorados. La ternura con la que se miran, el amor joven que se profesan... ¡Basta verlos para entender que es un amor real! Si Dios existe, estoy seguro de que no hay nada que le complazca más que ver cómo dos personas se aman con tanta sinceridad.

¿Alguien podría pensar que está mal? ¿Que hay algo incorrecto en esas manifestaciones de cariño? ¿Que es un "pecado"?

Es que son dos hombres.

¿Dónde está la complementariedad? ¿Dónde está la naturaleza?

Cierto, puede sonar muy lógico: la naturaleza (o Dios) nos hizo hombres y mujeres para que nos complementáramos y nos reprodujéramos.

La reproducción... la supervivencia de la especie. 

Pues yo creo que es muy soberbio de nuestra parte creer que somos dueños de la verdad y el entendimiento. Cierto, lo más lógico a simple vista es que los hombres están hechos para estar con las mujeres y viceversa. Pero es un hecho innegable que no siempre es así. Algunos hombres aman a otros hombres. Algunas mujeres aman a otras mujeres. Y créanme, se complementan muy bien. Hoy lo comprobé una vez más. No fue una ilusión.

Pero... ¡la reproducción! ¡La supervivencia de la especie!

¿Por qué es esto tan importante? La naturaleza de todas las especies es buscar instintivamente la reproducción. ¿La homosexualidad contradice esta naturaleza? No lo creo. La reproducción no depende de todos los elementos de la especie. Siempre habrá algunos que no se reproducirán y eso está bien. Es lógico que el porcentaje de población homosexual sea menor al porcentaje de población heterosexual. Sólo eso basta para explicar cómo la naturaleza se asegura de la supervivencia de la especie.

Además, en muchas especies animales se ha observado la homosexualidad. Incluso en algunas especies que tienden instintivamente a formar parejas monógamas de por vida. Pero incluso aunque no fuera así... ¿que acaso no somos seres humanos? ¡Hemos trascendido el mero instinto!

Tal vez sea cierto que la homosexualidad es un fallo en el sistema. Finalmente, ningún sistema está exento de entropía. Pero este "fallo", por llamarlo de alguna manera, no impide en ningún momento que el sistema funcione. Quédense tranquilos: la supervivencia de la especie queda asegurada a pesar de que las parejas formadas por personas del mismo sexo decidan vivir felices para siempre. Y quién sabe... tal vez Dios (o la naturaleza), en su infinita sabiduría, haya decidido poner a estos individuos ahí por una razón que aún no comprendemos. ¿Quiénes somos nosotros para pretender comprenderlo todo?

A mí no me interesa comprenderlo. ¿Por qué hay hombres que se enamoran de otros hombres? ¿Por qué hay mujeres que se enamoran de otras mujeres? ¿Por qué hay personas que se enamoran de otras personas, a veces sin importarles de qué sexo o género sean? ¿Por qué hay personas que no se enamoran y así están felices? ¿Por qué no todo en el mundo se adapta a lo que parece lógico, "normal", incluso obvio?

Yo no necesito entender por qué sucede para darme cuenta de que no tiene nada de malo que suceda. Porque cuando veo a estos dos chicos abrazarse, mirarse a los ojos, susurrarse palabras tiernas al oído, sonreírse y ser felices juntos, estoy seguro de que ningún Dios de amor y misericordia reprobaría tanta belleza.

Sí, yo he decidido creer en Dios. Me gusta creer que hay un ser que nos trasciende. Y me gusta creer, como me enseñaron mis padres, que ese ser es un ser de amor, que se complace en el amor y que quiere amor y felicidad para sus hijos. Y a este Dios en el que yo creo le complace el amor homosexual porque el amor nunca será algo incorrecto o equivocado, sin importar qué epíteto tenga.

miércoles, 14 de mayo de 2014

ASÍ QUEDAMOS

por Francisco Leonardo Ongay

Habitación de hotel. ÉL está sentado en la cama, nervioso, mirando su reloj constantemente. Alguien toca a la puerta. ÉL se levanta, va hacia la puerta, pero se detiene frente a ella, se recarga y, con la mano en el picaporte, habla.

ÉL: (Para sí) Por favor, no seas tú.

Abre la puerta. ELLA está del otro lado, ahora visible ante el público, pero no entra a la habitación.

ELLA: (Sorprendida, tal vez frustrada) No...

ÉL: Sí...

ÉL camina hacia la cama y se sienta, ELLA se queda en la entrada, mirándolo.

ÉL: Pero pasa...

ELLA: No (desvía la mirada).

ÉL: Ya estás aquí. Pasa.

ELLA: Si paso, ¿se acabó?

ÉL se levanta y la mira fijamente.

ÉL: ¿Es lo que quieres?

ELLA mira hacia abajo, luego levanta la cara y lo mira. Camina lentamente hacia él y lo abraza del cuello, sin despegar la mirada. Hay un silencio largo durante el cual se miran a los ojos. Finalmente, ÉL habla.

ÉL: Lo siento...

Mientras se hace el oscuro, ELLA lo besa.


Ciudad de México, 14 de mayo de 2014.

viernes, 10 de enero de 2014

El enamorado eterno



Llevo cinco años en una relación.

En cinco años pasan muchas cosas. Y una de esas cosas es que uno puede enamorarse y desenamorarse de la misma persona en múltiples ocasiones sin que eso amerite terminar la relación. De hecho, estoy convencido de que la clave para tener una relación así de larga es aprender a enamorarse y reenamorarse.

Dicen que el amor y el enamoramiento no son lo mismo. En efecto. El enamoramiento es el momento, el flechazo, la pasión. Dura aproximadamente tres meses. El amor son los planes, la familia, los recuerdos. Eso puede durar toda la vida.

Sí, soy un romántico empedernido que cree en el amor eterno.

En lo que no creo es en el enamoramiento eterno.

Con una excepción...

A lo largo de estos cinco años me he enamorado, en varios niveles, de varias personas, eso lo admito. Pero lo dejo pasar, porque al mismo tiempo me he enamorado varias veces de la persona con la que escogí estar. Y eso es genial. Sin embargo, una de estas otras personas de las cuales me he enamorado se ganó un privilegio hermoso y terrible:

Se ganó el privilegio de que nunca me desenamoraré de él.

Así es, nunca voy a desenamorarme.

Por un lado, por lo particular de nuestro enamoramiento. Platónico, por decirlo así, por causa de la enorme distancia geográfica que nos separaba.

Pero por otro lado, y esto es lo mas importante, porque está muerto.

Y ahora ya no hay tiempo, a menos que haya una vida después de ésta, para desenamorarme de él. Para aburrirme de sus conversaciones o para hartarme de sus defectos. No hay tiempo para acostumbrarme a su presencia.

Es hermoso y terrible al mismo tiempo.

En menos de un mes se cumplirán dos años de su partida.

viernes, 24 de mayo de 2013

Aceptar sin comprender

En el marco del día mundial de la lucha contra la homofobia, nos presentaron en la facultad la novela Journal d'un corps, de Daniel Pennac. En ella, el personaje principal, al conocer la homosexualidad de su nieto favorito, declara que, aunque la acepta, no la comprende. En efecto, para él (y según sus propias palabras, para su cuerpo), que un hombre desee a otro hombre es un hecho inconcebible. El extracto de la novela que nos leyeron muestra una visión honesta de lo que un heterosexual sin prejuicios puede experimentar con respecto a la homosexualidad. 

De algún modo me sentí muy identificado con el personaje. Se podría decir que mis sentimientos son los mismos, pero en la dirección opuesta. Para mí, que un hombre desee a una mujer es un hecho inconcebible.

Lo acepto, evidentemente... (Y muchos de mis amigos son heterosexuales... incluso personas tan queridas por mí como... ¡mis padres!) Sin embargo, no lo comprendo. No puedo comprender el sentimiento o, más bien, la sensación. Incluso aunque la atracción hacia las mujeres me parezca más lógica, me es difícil imaginarla.

Hay veces que escucho en la calle conversaciones entre hombres que manifiestan su atracción por el sexo opuesto de maneras que van desde lo vulgar hasta lo poético. Y nunca faltan las canciones en las que se expresa que la mujer es la mayor y la más perfecta de las creaciones de Dios. Pero no puedo estar de acuerdo. Esas generalizaciones me hacen sentir fuera del mundo; y es que, de cierto modo, lo estoy, porque vivo en un mundo hecho por heterosexuales y para heterosexuales.

Para una persona heterosexual, lo más común es asumir que los demás también son heterosexuales. Para mí a veces es más fácil asumir que las personas que conozco son homosexuales; sin embargo, debo luchar contra ese reflejo, pues las estadísticas me indican que muy probablemente esté equivocado...

Lo que sí nunca hago es asumir que alguien a quien recién conozco es heterosexual...

A lo mejor estaría bien que todos hiciéramos eso, ¿no?

domingo, 24 de febrero de 2013

No vivo per lei

No soy una persona musical.



Cuando conozco gente, siempre, invariablemente, me preguntan qué tipo de música escucho... "Pues... De todo un poco", respondo, sin mucho convencimiento. 

No es que no me guste la música. Sí que me gusta, y hay cantantes y canciones que prefiero. Me encanta bailar, y para bailar se necesita música (aunque ésta sólo esté en la cabeza), y también me gusta cantar. Y silbar, adoro silbar. Sí, sí me gusta la música.

Pero no la necesito. 

Entiendo su importancia y la aprecio, pero no siento ninguna necesidad de que me acompañe a todos lados. No traigo un reproductor de música conmigo, ni llevo audífonos en los bolsillos. No escucho la radio ni pongo música de fondo mientras navego por internet o trabajo. Cuando me gusta una canción, no busco inmediatamente información sobre el cantante o la banda. Mientras escribo este post, estoy en silencio.

No tengo cultura musical. No tengo idea de muchas bandas o discos, ni siquiera de muchos relativamente famosos. Soy un ignorante, pero no me importa serlo. No tengo interés por conocer o aprender más de música, por lo menos no un interés especial, así como no tengo ningún interés especial en aprender sobre arquitectura o cultura tailandesa, sin que eso signifique que desprecie la arquitectura o la cultura tailandesa.

Frases que se repiten en miles y miles de descripciones personales como "No puedo vivir sin música" no se aplican en mi persona. Porque sí, sí puedo vivir sin música. No me gustaría, porque la música le da un buen sabor a la vida, pero no es esencial.

Soy raro.

Y esta rareza musical mía es probablemente la mayor de mis rarezas. Porque sólo conozco a una persona que la comparte (y diría que en menor grado que yo).

Mi mejor amigo comparte muchas de mis rarezas, pero ésta no, y de manera muy contrastante, porque él sí es de esas personas que se describen como amantes de la música. A veces, cuando estamos juntos y se escucha una canción que le gusta, me dice algo así como "100 puntos si sabes quién la canta". Lo hace sabiendo que no sabré responder, o tal vez lo hace con la esperanza de que sí sepa... Sea cual sea el caso, no me gusta que lo haga, porque del alguna manera percibo la intención de echarme en cara, como si fuera algo malo, un aspecto de mi personalidad del que, si bien no me enorgullezco, tampoco me avergüenzo, pues creo que el hecho de que mis prioridades en cuanto a gustos y aficiones sean diferentes, el hecho de que sea raro, no tiene nada de malo.

Hace algún tiempo escribí un post en el que hablaba sobre mis sentimientos cuando estaba en compañía de mis amigos heterosexuales. No todo el tiempo, evidentemente, pero sí en circunstancias específicas (como cuando la conversación giraba en torno a mujeres o cuando se ponían a ver pornografía), me sentía excluído e incluso triste. Y el problema no era la discriminación (ellos me conocen, me aceptan y me quieren), ni siquiera el sentirme diferente (ahora me doy cuenta), sino los pequeños detalles (una sonrisa irónica, una mirada, algún comentario) con los que me hacían notar, adrede, aunque sin malicia, que en ese momento yo era el raro. Como si me lo reprocharan.

Y así me siento cuando sales (sí, ahora te estoy hablando en segunda persona) con ese jueguito de los puntos. Me entristece un poco, me molesta. Y si no te lo hago notar es porque soy consciente de que es una tontería que algo así me afecte. Finalmente, sé que esos puntos son sólo un juego, que tu cariño y tu opinión sobre mí no cambian porque no sepa quién canta qué cosa, que es una nimiedad sin importancia. Pero lo cierto es que, aunque no tenga buenos motivos, me afecta. Tal vez por mis propias manías, miedos e inseguridades, pero me afecta. Aunque sepa que tu intención está libre de malicia, me afecta.

Así que si cuando estemos juntos se escucha una canción que te guste y quieres hacérmelo notar, puedes decirme "Hey, ¿conoces esa canción? Se llama así y la canta tal", pero no me intentes probar, porque no te responderé.

Soy como soy y no me avergüenzo de serlo. No es normal, pero que algo no sea normal no quiere decir que sea malo.

No soy una persona musical.

jueves, 7 de febrero de 2013

366 días

Hola diamante.

Hace un año y un día que te fuiste y te llevaste una parte de mi corazón. No, no te preocupes: esa parte era tuya, de modo que era natural que te la llevaras contigo. Quiero que sepas que estoy haciendo todo lo posible por ser feliz. Entiendo que el apego, incluso a las personas amadas, es negativo para la felicidad, porque todos, tarde o temprano, nos iremos algún día. Tú te fuiste temprano. 

Me hiciste aprender muchas cosas, Dargoncito, y te lo agradezco. Me consuela saber que la última vez que hablé contigo, te pude decir que te quería. Porque te quería. Aún lo te quiero. Me llenó de emoción cuando tu mamá me dijo que yo era tu mejor amigo. Wow... tu mejor amigo. Para mí, esas son palabras fuertes. Me alegra haber tenido ese impacto en tu vida... Fue un privilegio.

Gracias por todo. 

Te amo, Dragón tatuado. Tal vez podamos volver a vernos.