miércoles, 18 de julio de 2018

Un consejo raro para superar a tu ex

Hace un año y un día, mi entonces novio terminó conmigo.

Iba a escribir un post al respecto, pero luego pensé: "¿y si hago un video?". Al fin y al cabo, es lo de hoy hace diez años.

Por si alguno de mis dos lectores tenía curiosidad de cómo se oía mi voz, ahí está:


lunes, 3 de abril de 2017

Sobre lo que significa ser fiel

Ya alguna vez he dicho que me parece una terrible idea ver la fidelidad en términos únicamente de exclusividad sexual. Y me parece que en nuestra sociedad occidental y melodramática, esto es precisamente lo que se hace. Pareciera que lo único realmente importante para que una relación sea sana, duradera y feliz, es que ambas partes se comprometan a no coger con nadie más. Y pareciera que lo más terrible que puede pasarle a alguien es que le pongan el cuerno. Y pareciera también que no hay nadie en el mundo que no haya estado en una situación cornuda (sea como víctima o como victimario). Nuestra cultura nos ha convencido de esto y por eso nos da pavor cuando alguien sale con ideas sumamente modernas como las relaciones abiertas o el poliamor, y nos es imposible ver a esas personas con seriedad. La monogamia parece convertirse en la única verdadera prueba de amor.

Yo no estoy en contra de la monogamia (como tampoco estoy en contra del poliamor, la poligamia, las relaciones abiertas y que cada quien haga de su culo un papalote), y no condeno la cultura occidental-católica-monogámica en la que me tocó vivir. Sin embargo, creo que hay un problema de perspectiva cuando la fidelidad se entiende únicamente como respeto a la monogomia.

Estar en una relación amorosa es mucho más que amarse, coger, compartir la cama y desayunar juntos. Las relaciones amorosas implican ser junto al otro. Ser personas sumamente complejas, como no se puede de otro modo, y lidiar con la complejidad del otro. Amar con y a pesar de lo que el otro es y de lo que uno mismo es, pero también con y a pesar de todo lo que tanto uno como el otro son potencialmente. Y todos somos criminales (y cosas peores) en potencia. Estar en pareja implica, por lo tanto, aceptar la individualidad del otro y, aun así, atreverse a llamarse “nosotros”. Amar es arriesgarse a perder el control sobre lo único sobre lo que se tiene certeza, pues en un mundo tan caótico, sólo tenemos un limitado control sobre nuestra propia vida y nuestras decisiones, y amar es meter a un agente externo y potencialmente peligroso a nuestra primera persona. Estar en una relación amorosa, por lo tanto, exige establecer un compromiso con el otro, un compromiso sumamente irrazonable (porque no hay modo científico y objetivo de asegurar que va a funcionar) y que, desde mi punto de vista, tiene como eje fundamental la confianza: dado que me es imposible dominar tus acciones, mi principal compromiso contigo es confiar en ti.

Ahora, volviendo al tema de la fidelidad, me parece que ésta no debería definirse como respeto a la exclusividad sexual, sino como respeto al compromiso mismo, al contrato de pareja, como diría Sheldon Cooper. La parte modular del contrato es la confianza. La exclusividad sexual puede o no formar parte del contrato y eso depende de lo que cada pareja decida. Ser infiel, entonces, es faltar al contrato, y, por lo tanto, se puede ser infliel sin necesidad de poner los cuernos: por ejemplo, siendo sumamente celoso (incluso aunque los celos estén bien fundamentados, en cuyo caso ambas personas están faltando al contrato, uno por falta de honestidad y el otro por falta de confianza, y sería mejor que la relación terminara). Si estoy en una relación y el otro me cela, me está siendo infiel, porque yo espero que confíe en mí. Así visto, es casi contradictorio decir que alguien me cela porque le preocupa que yo sea infiel; es la idea de pelear por la paz o coger por la virginidad: desconfiar en pro de la confianza. Por supuesto, los celos pueden ser una reacción normal a ciertas situaciones (por ejemplo, si veo que un hombre guapísimo le habla a mi pareja, puedo sentir un poco de incomodidad), pero yo me refiero a los celos que se eligen, es decir, cuando la persona elige actuar a partir de los celos (alimentándolos y haciéndolos crecer en un círculo vicioso), con cosas como revisar el celular, controlar las acciones del otro o reclamarle antes de que haya hecho nada.

El otro día surgió en clase la pregunta sobre si es lo mismo infidelidad o traición. Me parece que sí lo es, en sentido estricto, pero no lo es tomando en cuenta que el significado de fidelidad se ha especializado en el concepto de fidelidad sexual. Justamente por eso es que me parece inadecuado entender la fidelidad desde la perspectiva desde la que se entiende habitualmente. Valdría la pena preguntarse entonces, independientemente de si le hemos o no puesto los cuernos a nuestra pareja, si es que alguna vez hemos sido infieles. Hasta las señoritas más honestas y recatadas tendrían entonces que pararse a pensar.

Me gustaría terminar esto con una pequeña reflexión sobre la libertad.

Lo que más me molesta de que en nuestra cultura exijamos con tanto ímpetu la exclusividad sexual de nuestras parejas es, justamente, que le damos demasiada importancia a ser los únicos y absolutos dueños de algo. Si se piensa bien, no es muy diferente de la idea sexista de que la mujer debe llegar virgen al matrimonio. Queremos ser dueños de una parte del otro. Sin embargo, estoy convencido de que el componente más importante de la felicidad es la libertad: ¿cómo puedo entonces decir que amo a alguien si lo primero que hago es constreñir su libertad? Si yo te amo, quiero que seas feliz y quiero hacer lo que esté en mis manos para que seas feliz; ergo, cuando amo, lo primero que quiero dar es libertad.


Por eso es tan contradictorio y, sin embargo, tan tristemente normal, tan tristemente lógico, que ciertas personas rehuyan a las relaciones de pareja porque temen perder su libertad.

domingo, 21 de febrero de 2016

¿Todavía vivo?

Mi maestra de actuación puso en facebook un link a un artículo sobre los beneficios que tiene escribir un diario. Me puse entonces a leer los intentos de diario que de pronto he tenido y que nunca he logrado mantener por mucho tiempo, y terminé llegando a mi viejo blog en wordpress y leyendo cosas que escribí hace ocho años.

Hubo un tiempo en el que escribir mi blog era una parte importante de mi vida; incluso llegué a conocer gente importante para mí por ese medio; sin embargo, ahora eso se ve lejano. He estado intentando volver a escribir un diario, esta vez en papel, pero por varias razones me cuesta mucho. Una de ellas es que se me cansa la muñeca (sí, hablo en serio). Además, mi letra nunca ha sido muy buena (y con toda sinceridad puedo decir que no entiendo mucho de lo que yo mismo escribo...).

No digo que voy a volver a escribir este blog, pero después de poco más de un año, creo que vale la pena actualizarlo por lo menos para dejar rastro de lo que es mi vida el día de hoy.

21 de febrero. Hoy hubiera cumplido un aniversario más con mi ex-novio, quien, por cierto, ya no me habla. Eso está bien. Ya no me causa tanto sufrimiento, aunque no niego que a veces me acuerdo de él con cierta melancolía. Lamentablemente nuestro intento por volver a ser amigos no funcionó del todo bien. Supongo que no era el tiempo adecuado. Tal vez en el futuro, quién sabe... En cualquier caso, me siento mucho mejor anímicamente al respecto que hace un año (lo cual, por otro lado, era de esperarse, ¿no?).

- ¿Qué estoy haciendo con mi vida?

En enero conocí a un chico australiano en Japón (volveré a eso más adelante) que, a los veinte años, se preocupaba porque nunca había tenido un empleo en su vida. Por supuesto, en Australia es muy común que la gente empiece a trabajar a los 16 años (en México no es la regla, pero tampoco es raro). En cualquier caso, me hizo pensar en lo que tanto pienso, que es el hecho de que a mis *INFORMACIÓN CLASIFICADA* años, soy en efecto muy viejo para no tener empleo y nunca haber tenido un empleo estable (no digo que nunca he trabajado, pero han sido sólo pequeñas cosas freelance para mi antigua jefa del servicio social, el servicio social en sí y un par de temporadas en teatro).

La razón por la cual soy un inútil es bien conocida: después de terminar la universidad decidí estudiar otra carrera y los últimos dos años y medio me he dedicado a ella a tiempo completo. Estuve haciendo una lista de las cosas en las que estudiar esta otra carrera me ha beneficiado, y puedo decir sinceramente que no me arrepiento, pero de todas formas, después de casi tres años, siento no sólo la necesidad, sino también las ganas (jamás pensé que diría esto...) de trabajar.

Volveré sobre la cuestión del trabajo más adelante, pero primero...

- ¿Cómo que conociste a un chico australiano en JAPÓN?

El mes pasado tuve la grandiosa oportunidad de viajar a Japón para tomar un curso de cuatro semanas. Por supuesto, si fui a Japón es porque me dieron una beca completa (y con completa quiero decir completa, boleto de avión incluido), lo cual fue maravilloso. En cierta medida fue cuestión de suerte, pero tampoco se puede negar que tengo ciertos méritos que me ayudaron en el proceso de selección. En cualquier caso, el punto es que estuve cuatro semanitas en Japón estudiando japonés, paseando un poquito por las ciudades de Tokyo y Kyoto y haciendo un montón de amigos internacionales.

- Aller étudier en France...

Regresar a México después de un viaje así, sin embargo, me provocó una crisis extraña con respecto a lo que hago en mi vida ahora, pues no he podido dejar de pensar en mis experiencias en Francia, en el 2012 (cuando me fui, también becado, a hacer un semestre de intercambio en Lyon). Tengo muchas ganas de volver a Francia, y de hecho desde hace un año más o menos he estado investigando sobre las posibilidades de ir a hacer una maestría allá (antes tenía ganas de irme a Canadá, pero descubrí que estudiar en Francia es MUY BARATO, por lo menos en cuestión de colegiatura, mientras que estudiar en Canadá cuesta un riñón, medio testículo, toda la dignidad que aún se tenga, tres camellos y siete vírgenes). Por supuesto que esperaría conseguir una beca, pero creo que, dado el subsidio gubernamental que tiene la educación pública superior en Francia (el cual, a diferencia de otras partes del mundo, no discrimina a los estudiantes internacionales), no sería imposible que me fuera aun sin beca.

De todas maneras, con beca o sin ella, creo que me convendría conseguir un trabajo para empezar a ahorrar un poco, lo cual me lleva al siguiente punto.

- Más sobre Canadá

Cada año se abren convocatorias para ser asistente de un profesor titular de lengua española en una escuela en el extranjero. Las personas que estudiaron una licenciatura en Lenguas, como yo, pueden participar en estos programas, y tengo varios amigos y conocidos que así se han ido a trabajar al extranjero. Estos programas duran un año lectivo y están muy bien, pues además de la experiencia laboral, se recibe un sueldo competitivo y se tienen beneficios como el boleto de avión y la seguridad social. En mi caso, dado que me especialicé en Francés, hay dos opciones: Francia y Canadá (Québec), y la semana pasada estuve juntando mis documentos para mandar mi solicitud para irme a Québec. No es tan fácil conseguir el puesto, ya que sólo hay ocho lugares y yo no tengo experiencia laboral en pedagogía o animación (la cual es deseable, pero no obligatoria), pero creo que mi curriculum y mis cartas de motivación podrían atraer la atención de los encargados del proceso de selección. En cualquier caso, no pierdo nada con intentarlo.

- Y la chamba...

Independientemente de si me quedo o no con el puesto de asistente el próximo año lectivo, he decidido que, una vez terminado este semestre, voy a empezar a trabajar. Mi idea es seguir estudiando el último año de teatro, pero sólo tomar una materia (el Laboratorio de puesta en escena) y conseguirme un trabajo aunque sea de medio tiempo.

Por supuesto y como siempre, todos estos planes están sujetos a cambios sin previo aviso, pero ahora, después de un par de semanas de crisis existencial, empiezo a definir un poco lo que quiero hacer a mediano plazo y eso me da tranquilidad.

Es hora de irme. Me pregunto si alguien llegará a leer esto...

Amor para todos.

martes, 17 de febrero de 2015

La búsqueda del amor verdadero

o

Abdicación a la resignación

o

Reflexiones de un solitario que no tiene miedo de decir que quiere encontrar el amor algún día


Febrero. El mes del amor. Para mí, febrero se convirtió en el mes del amor por mera coincidencia, exactamente una semana después del día de los enamorados en el año 2009: ese día comenzó la relación amorosa más larga que he tenido. Esa relación llegó a su fin hace menos de un año, de modo que este febrero del 2015 es, por contraste, el más solitario (en términos amorosos, evidentemente) al que me he enfrentado.

Desde muy chico viví con la idea de tener una pareja romántica. Cuando era adolescente, sufrí, como todos, como corresponde a esa etapa de crisis y descubrimiento. Me enamoré con fuerza de alguien que no me quería y derramé lágrimas de agua y tinta en muchas y muy patéticas entradas de mi extinto blog. No niego que mucho de ese sufrimiento era autinfligido e innecesario, pero no me parece criticable, pues, ¿quién espera otra cosa de un adolescente que quiere amar? Alguna vez me preguntaron: “Quieres un novio, bien, ¿qué harás cuando lo consigas?”. Seguir queriéndolo, respondí. Y así lo hice.

Tuve una relación inusualmente larga para un chico de 19 años. Cinco años, para asombro de casi todas las personas a quienes les cuento. Tuve mucha suerte, pues mi ahora ex novio es una persona muy tierna y muy amorosa que no tenía miedo de entregarse. Nuestra relación terminó por circunstancias en las que no elaboraré ahora (quienes me conocen, las conocen). No hay por qué hacer un drama al respecto. Es difícil que, cuando uno es joven y está decidiendo qué hacer con su vida, las circunstancias sean siempre favorables. Las cosas pueden acabar y es importante aceptar esa realidad. Sin embargo, ahora me encuentro con que ya no soy un adolescente y me siento un poco perdido en la manera en que debo afrontar el dolor y la soledad.

Ayer escuché a un amigo decir: “Todas las relaciones están destinadas a terminar, es algo que hay que aceptar cuando decidimos iniciar una”. No estoy de acuerdo. En primer lugar, porque no creo en el destino: lo único que es inexorable es que vamos a morir, y, en ese sentido, pues sí, no hay duda de que ninguna relación podrá ser eterna, pero no creo que sea imposible lograr “sentar cabeza”, encontrar a alguien para compartir la vida y trabajar en ese amor para que dure hasta que, literalmente, “la muerte nos separe”. Muchos quieren encontrar ese amor, y querer es poder (no ipso facto, pero con la voluntad ya se tiene buena parte del camino hecho).

Lo que es cierto es que no es fácil. Y muchos no están dispuestos a afrontar lo que implica amar de verdad. Hay mucha suerte involucrada en encontrar el amor, pero las estadísticas nos son favorables: conozco a pocas personas que no hayan tenido por lo menos una relación romántica antes de los 25 años. Encontrar el amor no es difícil, y muchas veces basta con esperar (si el azar no es suficiente, buscar tampoco es tan complicado); no obstante, mantener el amor puede llegar a ser una empresa herculina. Para muchos no vale la pena, por agotadora, lo cual es perfectamente comprensible; para otros, sin embargo, puede (debe) ser apasionante.

El gran problema es resignarse. A todos nos hicieron sufrir. A todos nos tocó que nos pusieran el cuerno, que jugaran con nuestros sentimientos, que nos dijeran mentiras, que no fueran lo suficientemente maduros, que fueran abusivos o violentos. Algunos hemos tenido la buena suerte de terminar relativamente bien con nuestras anteriores parejas, pero muchos nos encontramos con episodios realmente traumáticos. Y entonces decidimos aceptar que, aunque iniciemos una relación, ésta va a terminar necesariamente, porque “así es la vida”. El problema deja de estar en la probabilidad triste, pero innegable, de que nuestro próximo novio sea un patán, y pasa a radicar en que nosotros mismos, por culpa de un puñado de malas experiencias, propias o ajenas, ya no estamos dispuestos a ponerle pasión a nuestra relación porque ¿para qué, si de todas maneras la ley de Murphy nos enseña que lo que empieza bien acaba mal?

No podemos tener control absoluto sobre la vida. Cuando nuestro ego es tan grande como para querer eso, es innevitable que suframos a causa de la frustración. El destino no existe y no depende de que la suerte nos ponga enfrente a nuestra alma gemela. Si queremos amor verdadero, tenemos que cosecharlo, trabajarlo, y para eso necesitamos ponerle la misma pasión que un artista o un científico le ponen a su trabajo. Y cuando encontremos a otro ser igual de apasionado, hay que comprometerse a trabajar juntos y a aceptar, ahora sí, que nadie es perfecto, que vamos a cometer errores, que nos vamos a dañar mutuamente... Pero el amor es más grande que nuestra humana torpeza.

Yo no me resigno. Yo sí creo en el amor verdadero porque en mí mismo tengo la prueba irrefutable de que existe. Porque sé que puedo generarlo, que puedo mantenerlo, que es una de las pocas cosas que dependen de mi voluntad, por lo menos en gran parte. Y si yo existo, ¿por qué no habría de existir otro igual que yo? ¿Por qué no habríamos de encontrarnos algún día? ¿Por qué no habríamos de conocernos y reconocernos? ¿Por qué no habríamos de estar abiertos a enamorarnos el uno del otro?


¿Por qué no habríamos de estar dispuestos a enamorarnos el uno del otro cuantas veces sea necesario?

miércoles, 14 de enero de 2015

Siempre buscando

Hay personas a las que les va bastante bien estando solteras. Disfrutan mucho de salir con gente sin compromiso, se dedican a ellas mismas y son muy felices así. Yo no soy de esas personas.

No me gusta estar solo. Y no me imagino solo en un futuro lejano. Para mí tener pareja es algo importante, y no me da miedo decirlo.

Ahora estoy solo. Y es difícil. Sin embargo, no quiero ponerme a buscar a alguien. En primer lugar, porque buscar es complicado, triste, frustrante y cansado. En segundo lugar, porque mis planes a mediano plazo involucran irme muy lejos del lugar en donde estoy, de modo que tener pareja podría convertirse en una carga. En tercer lugar, porque también tengo que acostumbrarme a la soledad.

Más bien, necesito aprender a estar solo, porque no siempre voy a tener a alguien a mi lado. Así es la vida y tengo que comprenderlo. Es mejor que ahora que estoy solo, aproveche para estar solo. Luego, espero, sucederá como todos mis amigos me dicen cuando estoy un poco triste: llegará. Ojalá.

sábado, 10 de enero de 2015

Lo que te hace querer escribir

Me gustaría volver a escribir aquí. Tener un blog fue, durante mucho tiempo, una parte importante de mi vida. A través de mis blogs he conocido gente y he dejado un registro de mis emociones. Durante los últimos seis meses escribí un diario íntimo, en una libreta que compré en Shakespeare and Company, una librería parisina.

En mi pequeño diario escribí mucho acerca de un chico del que me enamoré recientemente. Tuvimos un algo corto, pero intenso, por lo menos para mí. A mí me gustaba mucho, y yo sé que él también se sentía muy atraído por mí, pero, mientras que yo no pude evitar enamorarme, él nunca tuvo la intención de involucrarse emocionalmente. Esto yo lo suponía, pero preferí hablarlo francamente y, una vez comprobado, le dije adiós.

Pasé sólo un par de semanas pensando en él y sintiéndome triste. Ahora lo tengo fuera de mi sistema. Finalmente, si bien yo lo quería, todo esto era aún muy reciente. De hecho, al enfrentarme a su rechazo, el recuerdo mi ex-novio, con quien a penas terminé hace ocho meses, era lo que más aparecía en mis sueños.

Más que dolor en el corazón, esta breve no-relación con este chico me dejó un sentimiento de frustración. Yo estaba dispuesto a darlo todo (porque no creo que se pueda hacer de otra manera), y él no quiso tomarlo. Eramos compatibles, mucho, pero él no quería. Simplemente, fue una cuestión de voluntad.

Lo curioso es que, terminada esta etapa de mi vida, se me quitaron las ganas de escribir en mi libretita de Shakespeare and Company.

Me encanta escribir. Me ayuda mucho a relajarme, a poner en orden mis ideas y a sentirme mejor cuando no estoy del todo bien. Desde hace años he querido escribir de manera constante, pero siempre termino dejándolo. Tal vez debería aceptar que escribir un diario no es lo mío. Siempre tendré mis etapas de escribir a menudo y de no escribir para nada. Por eso nunca he "cerrado" mi blog.

Ya que esto es público, es una lástima que no sea lo suficientemente interesante...

domingo, 14 de septiembre de 2014

Los corazones rotos

El estado natural de un corazón es roto.

Los corazones son para eso, para romperse. Por eso es que un corazón puede soportar tanto. Está hecho para eso. Para romperse.

Un corazón que no está roto no vale la pena. Hay que romperlo cuanto antes. Un corazón que no está roto es un corazón que no ha nacido, que no ha vivido. Hay que romperlo.

Sólo el corazón roto sabe amar, lo sabe a partir de la experiencia completa y perfecta del amor verdadero. Es el corazón roto el que puede amar de verdad. Por eso busco un corazón roto, tan roto como el mío, para que juntos se entiendan.

Rompámonos el corazón, porque vale la pena.

sábado, 2 de agosto de 2014

¿Quieres estresarte?

Todo el tiempo hay cosas que se salen de nuestro control. Algunas de ellas se deben a nuestras fallas: descuidos, olvidos, limitaciones, errores...; otras se deben a circunstancias que nos superan.

En cualquiera de los casos, cuando algo se sale de nuestro control, nos estresamos. Y ante este estrés, reaccionamos enfadándonos, insultando (a veces insultándonos a nosotros mismos), recriminando; es decir, ante el estrés reaccionamos estresándonos más, como si eso fuera a traernos una solución. Sin embargo, no es así: estresarnos de más no nos lleva a una solución y, en la mayoría de los casos, al contrario, nos nubla el juicio y nos impide ver las soluciones, si las hay. Además, estresarnos de más nos trae más problemas que se suman al problema original que nos causó estrés en primer lugar. Es decir que al reaccionar al estrés, caemos en un círculo vicioso.

No podemos evitar que las cosas se salgan de nuestro control. No podemos evitar tener problemas ni cometer errores. El estrés (literalmente, la presión) es inevitable. Pero sí podemos evitar caer en el círculo vicioso de responder al estrés con nuestro primer instinto, lo cual sabemos que nos acarreará más dificultades.

El estrés es como un piquete de mosquito. Es la comezón inicial que nos provoca el piquete. Ésa no la podemos evitar: si un mosquito nos pica, sentiremos comezón. Nuestra primera reacción ante la comezón será rascarnos, pero sabemos bien que al rascarnos sólo lograremos que la comezón crezca. ¿Qué podemos hacer entonces? Podemos decidir no rascarnos. No es fácil. Requiere atención (si nos distraemos, es probable que nos rasquemos sin darnos cuenta). Pero una vez que logramos vencer la tentación de rascarnos, la comezón comienza a desaparecer con rapidez.

Con el estrés es igual. El problema que tengamos, sea cual sea, es el piquete del mosquito. Ese estrés que sentiremos derivado de ese problema es la comezón inicial. Enojarnos, recriminarnos y maldecir es como rascarse. Es una tentación, un instinto que sentimos ante el estrés. Tal vez incluso nos proporcione un alivio momentáneo, pero sin lugar a dudas, el resultado será simplemente que nos estresemos más. La buena noticia es que podemos decidir no estresarnos. Podemos cerrar los ojos, contar hasta diez, esperar a que el enfado pase. Esto lo podemos lograr siendo conscientes, prestando atención a nuestras sensaciones. Tristeza, enojo... ahí están. Hay que dejarlas pasar, no responderles, no rascarlas. Y así, pronto, el estrés se irá.

El problema no acabará ahí. Seguirá existiendo. Pero ahora, sin comezón, podremos pensar tranquilamente en cómo solucionarlo. Y si resulta que no podemos solucionarlo, podremos simplemente aceptar que el mundo no está diseñado para complacernos en todo momento.

PS: Sé que esto parece libro de autoayuda, pero también sé que es verdad.


viernes, 25 de julio de 2014

El amor no se equivoca

Fotografía de Braden Summers, tomada de http://ovejarosa.com/las-14-imagenes-mas-bellas-del-amor-homosexual/

Hoy veo a dos amigos míos abrazarse, besarse, hacerse regalos. Decirse: "los momentos que he pasado a tu lado han sido los mejores de mi vida". Están enamorados. La ternura con la que se miran, el amor joven que se profesan... ¡Basta verlos para entender que es un amor real! Si Dios existe, estoy seguro de que no hay nada que le complazca más que ver cómo dos personas se aman con tanta sinceridad.

¿Alguien podría pensar que está mal? ¿Que hay algo incorrecto en esas manifestaciones de cariño? ¿Que es un "pecado"?

Es que son dos hombres.

¿Dónde está la complementariedad? ¿Dónde está la naturaleza?

Cierto, puede sonar muy lógico: la naturaleza (o Dios) nos hizo hombres y mujeres para que nos complementáramos y nos reprodujéramos.

La reproducción... la supervivencia de la especie. 

Pues yo creo que es muy soberbio de nuestra parte creer que somos dueños de la verdad y el entendimiento. Cierto, lo más lógico a simple vista es que los hombres están hechos para estar con las mujeres y viceversa. Pero es un hecho innegable que no siempre es así. Algunos hombres aman a otros hombres. Algunas mujeres aman a otras mujeres. Y créanme, se complementan muy bien. Hoy lo comprobé una vez más. No fue una ilusión.

Pero... ¡la reproducción! ¡La supervivencia de la especie!

¿Por qué es esto tan importante? La naturaleza de todas las especies es buscar instintivamente la reproducción. ¿La homosexualidad contradice esta naturaleza? No lo creo. La reproducción no depende de todos los elementos de la especie. Siempre habrá algunos que no se reproducirán y eso está bien. Es lógico que el porcentaje de población homosexual sea menor al porcentaje de población heterosexual. Sólo eso basta para explicar cómo la naturaleza se asegura de la supervivencia de la especie.

Además, en muchas especies animales se ha observado la homosexualidad. Incluso en algunas especies que tienden instintivamente a formar parejas monógamas de por vida. Pero incluso aunque no fuera así... ¿que acaso no somos seres humanos? ¡Hemos trascendido el mero instinto!

Tal vez sea cierto que la homosexualidad es un fallo en el sistema. Finalmente, ningún sistema está exento de entropía. Pero este "fallo", por llamarlo de alguna manera, no impide en ningún momento que el sistema funcione. Quédense tranquilos: la supervivencia de la especie queda asegurada a pesar de que las parejas formadas por personas del mismo sexo decidan vivir felices para siempre. Y quién sabe... tal vez Dios (o la naturaleza), en su infinita sabiduría, haya decidido poner a estos individuos ahí por una razón que aún no comprendemos. ¿Quiénes somos nosotros para pretender comprenderlo todo?

A mí no me interesa comprenderlo. ¿Por qué hay hombres que se enamoran de otros hombres? ¿Por qué hay mujeres que se enamoran de otras mujeres? ¿Por qué hay personas que se enamoran de otras personas, a veces sin importarles de qué sexo o género sean? ¿Por qué hay personas que no se enamoran y así están felices? ¿Por qué no todo en el mundo se adapta a lo que parece lógico, "normal", incluso obvio?

Yo no necesito entender por qué sucede para darme cuenta de que no tiene nada de malo que suceda. Porque cuando veo a estos dos chicos abrazarse, mirarse a los ojos, susurrarse palabras tiernas al oído, sonreírse y ser felices juntos, estoy seguro de que ningún Dios de amor y misericordia reprobaría tanta belleza.

Sí, yo he decidido creer en Dios. Me gusta creer que hay un ser que nos trasciende. Y me gusta creer, como me enseñaron mis padres, que ese ser es un ser de amor, que se complace en el amor y que quiere amor y felicidad para sus hijos. Y a este Dios en el que yo creo le complace el amor homosexual porque el amor nunca será algo incorrecto o equivocado, sin importar qué epíteto tenga.

miércoles, 14 de mayo de 2014

ASÍ QUEDAMOS

por Francisco Leonardo Ongay

Habitación de hotel. ÉL está sentado en la cama, nervioso, mirando su reloj constantemente. Alguien toca a la puerta. ÉL se levanta, va hacia la puerta, pero se detiene frente a ella, se recarga y, con la mano en el picaporte, habla.

ÉL: (Para sí) Por favor, no seas tú.

Abre la puerta. ELLA está del otro lado, ahora visible ante el público, pero no entra a la habitación.

ELLA: (Sorprendida, tal vez frustrada) No...

ÉL: Sí...

ÉL camina hacia la cama y se sienta, ELLA se queda en la entrada, mirándolo.

ÉL: Pero pasa...

ELLA: No (desvía la mirada).

ÉL: Ya estás aquí. Pasa.

ELLA: Si paso, ¿se acabó?

ÉL se levanta y la mira fijamente.

ÉL: ¿Es lo que quieres?

ELLA mira hacia abajo, luego levanta la cara y lo mira. Camina lentamente hacia él y lo abraza del cuello, sin despegar la mirada. Hay un silencio largo durante el cual se miran a los ojos. Finalmente, ÉL habla.

ÉL: Lo siento...

Mientras se hace el oscuro, ELLA lo besa.


Ciudad de México, 14 de mayo de 2014.

viernes, 10 de enero de 2014

El enamorado eterno



Llevo cinco años en una relación.

En cinco años pasan muchas cosas. Y una de esas cosas es que uno puede enamorarse y desenamorarse de la misma persona en múltiples ocasiones sin que eso amerite terminar la relación. De hecho, estoy convencido de que la clave para tener una relación así de larga es aprender a enamorarse y reenamorarse.

Dicen que el amor y el enamoramiento no son lo mismo. En efecto. El enamoramiento es el momento, el flechazo, la pasión. Dura aproximadamente tres meses. El amor son los planes, la familia, los recuerdos. Eso puede durar toda la vida.

Sí, soy un romántico empedernido que cree en el amor eterno.

En lo que no creo es en el enamoramiento eterno.

Con una excepción...

A lo largo de estos cinco años me he enamorado, en varios niveles, de varias personas, eso lo admito. Pero lo dejo pasar, porque al mismo tiempo me he enamorado varias veces de la persona con la que escogí estar. Y eso es genial. Sin embargo, una de estas otras personas de las cuales me he enamorado se ganó un privilegio hermoso y terrible:

Se ganó el privilegio de que nunca me desenamoraré de él.

Así es, nunca voy a desenamorarme.

Por un lado, por lo particular de nuestro enamoramiento. Platónico, por decirlo así, por causa de la enorme distancia geográfica que nos separaba.

Pero por otro lado, y esto es lo mas importante, porque está muerto.

Y ahora ya no hay tiempo, a menos que haya una vida después de ésta, para desenamorarme de él. Para aburrirme de sus conversaciones o para hartarme de sus defectos. No hay tiempo para acostumbrarme a su presencia.

Es hermoso y terrible al mismo tiempo.

En menos de un mes se cumplirán dos años de su partida.

viernes, 24 de mayo de 2013

Aceptar sin comprender

En el marco del día mundial de la lucha contra la homofobia, nos presentaron en la facultad la novela Journal d'un corps, de Daniel Pennac. En ella, el personaje principal, al conocer la homosexualidad de su nieto favorito, declara que, aunque la acepta, no la comprende. En efecto, para él (y según sus propias palabras, para su cuerpo), que un hombre desee a otro hombre es un hecho inconcebible. El extracto de la novela que nos leyeron muestra una visión honesta de lo que un heterosexual sin prejuicios puede experimentar con respecto a la homosexualidad. 

De algún modo me sentí muy identificado con el personaje. Se podría decir que mis sentimientos son los mismos, pero en la dirección opuesta. Para mí, que un hombre desee a una mujer es un hecho inconcebible.

Lo acepto, evidentemente... (Y muchos de mis amigos son heterosexuales... incluso personas tan queridas por mí como... ¡mis padres!) Sin embargo, no lo comprendo. No puedo comprender el sentimiento o, más bien, la sensación. Incluso aunque la atracción hacia las mujeres me parezca más lógica, me es difícil imaginarla.

Hay veces que escucho en la calle conversaciones entre hombres que manifiestan su atracción por el sexo opuesto de maneras que van desde lo vulgar hasta lo poético. Y nunca faltan las canciones en las que se expresa que la mujer es la mayor y la más perfecta de las creaciones de Dios. Pero no puedo estar de acuerdo. Esas generalizaciones me hacen sentir fuera del mundo; y es que, de cierto modo, lo estoy, porque vivo en un mundo hecho por heterosexuales y para heterosexuales.

Para una persona heterosexual, lo más común es asumir que los demás también son heterosexuales. Para mí a veces es más fácil asumir que las personas que conozco son homosexuales; sin embargo, debo luchar contra ese reflejo, pues las estadísticas me indican que muy probablemente esté equivocado...

Lo que sí nunca hago es asumir que alguien a quien recién conozco es heterosexual...

A lo mejor estaría bien que todos hiciéramos eso, ¿no?

domingo, 24 de febrero de 2013

No vivo per lei

No soy una persona musical.



Cuando conozco gente, siempre, invariablemente, me preguntan qué tipo de música escucho... "Pues... De todo un poco", respondo, sin mucho convencimiento. 

No es que no me guste la música. Sí que me gusta, y hay cantantes y canciones que prefiero. Me encanta bailar, y para bailar se necesita música (aunque ésta sólo esté en la cabeza), y también me gusta cantar. Y silbar, adoro silbar. Sí, sí me gusta la música.

Pero no la necesito. 

Entiendo su importancia y la aprecio, pero no siento ninguna necesidad de que me acompañe a todos lados. No traigo un reproductor de música conmigo, ni llevo audífonos en los bolsillos. No escucho la radio ni pongo música de fondo mientras navego por internet o trabajo. Cuando me gusta una canción, no busco inmediatamente información sobre el cantante o la banda. Mientras escribo este post, estoy en silencio.

No tengo cultura musical. No tengo idea de muchas bandas o discos, ni siquiera de muchos relativamente famosos. Soy un ignorante, pero no me importa serlo. No tengo interés por conocer o aprender más de música, por lo menos no un interés especial, así como no tengo ningún interés especial en aprender sobre arquitectura o cultura tailandesa, sin que eso signifique que desprecie la arquitectura o la cultura tailandesa.

Frases que se repiten en miles y miles de descripciones personales como "No puedo vivir sin música" no se aplican en mi persona. Porque sí, sí puedo vivir sin música. No me gustaría, porque la música le da un buen sabor a la vida, pero no es esencial.

Soy raro.

Y esta rareza musical mía es probablemente la mayor de mis rarezas. Porque sólo conozco a una persona que la comparte (y diría que en menor grado que yo).

Mi mejor amigo comparte muchas de mis rarezas, pero ésta no, y de manera muy contrastante, porque él sí es de esas personas que se describen como amantes de la música. A veces, cuando estamos juntos y se escucha una canción que le gusta, me dice algo así como "100 puntos si sabes quién la canta". Lo hace sabiendo que no sabré responder, o tal vez lo hace con la esperanza de que sí sepa... Sea cual sea el caso, no me gusta que lo haga, porque del alguna manera percibo la intención de echarme en cara, como si fuera algo malo, un aspecto de mi personalidad del que, si bien no me enorgullezco, tampoco me avergüenzo, pues creo que el hecho de que mis prioridades en cuanto a gustos y aficiones sean diferentes, el hecho de que sea raro, no tiene nada de malo.

Hace algún tiempo escribí un post en el que hablaba sobre mis sentimientos cuando estaba en compañía de mis amigos heterosexuales. No todo el tiempo, evidentemente, pero sí en circunstancias específicas (como cuando la conversación giraba en torno a mujeres o cuando se ponían a ver pornografía), me sentía excluído e incluso triste. Y el problema no era la discriminación (ellos me conocen, me aceptan y me quieren), ni siquiera el sentirme diferente (ahora me doy cuenta), sino los pequeños detalles (una sonrisa irónica, una mirada, algún comentario) con los que me hacían notar, adrede, aunque sin malicia, que en ese momento yo era el raro. Como si me lo reprocharan.

Y así me siento cuando sales (sí, ahora te estoy hablando en segunda persona) con ese jueguito de los puntos. Me entristece un poco, me molesta. Y si no te lo hago notar es porque soy consciente de que es una tontería que algo así me afecte. Finalmente, sé que esos puntos son sólo un juego, que tu cariño y tu opinión sobre mí no cambian porque no sepa quién canta qué cosa, que es una nimiedad sin importancia. Pero lo cierto es que, aunque no tenga buenos motivos, me afecta. Tal vez por mis propias manías, miedos e inseguridades, pero me afecta. Aunque sepa que tu intención está libre de malicia, me afecta.

Así que si cuando estemos juntos se escucha una canción que te guste y quieres hacérmelo notar, puedes decirme "Hey, ¿conoces esa canción? Se llama así y la canta tal", pero no me intentes probar, porque no te responderé.

Soy como soy y no me avergüenzo de serlo. No es normal, pero que algo no sea normal no quiere decir que sea malo.

No soy una persona musical.

jueves, 7 de febrero de 2013

366 días

Hola diamante.

Hace un año y un día que te fuiste y te llevaste una parte de mi corazón. No, no te preocupes: esa parte era tuya, de modo que era natural que te la llevaras contigo. Quiero que sepas que estoy haciendo todo lo posible por ser feliz. Entiendo que el apego, incluso a las personas amadas, es negativo para la felicidad, porque todos, tarde o temprano, nos iremos algún día. Tú te fuiste temprano. 

Me hiciste aprender muchas cosas, Dargoncito, y te lo agradezco. Me consuela saber que la última vez que hablé contigo, te pude decir que te quería. Porque te quería. Aún lo te quiero. Me llenó de emoción cuando tu mamá me dijo que yo era tu mejor amigo. Wow... tu mejor amigo. Para mí, esas son palabras fuertes. Me alegra haber tenido ese impacto en tu vida... Fue un privilegio.

Gracias por todo. 

Te amo, Dragón tatuado. Tal vez podamos volver a vernos.

domingo, 6 de enero de 2013

6 de enero - Las rayas del Tigre


El Mimo llegó a casa del Tigre a eso de la una de la mañana, la pequeña bicicleta rosa rodando junto a él; el Mimo, tan alto, prácticamente no tenía que doblar su brazo izquierdo para alcanzar el manubrio de ésta, la hizo avanzar los últimos metros con una parsimonía ceremonial impropia de él... ese tipo de cosas eran el tipo de cosas que el Tigre hacía, como cuando terminaba el té sosteniendo la taza con las dos manos, inclinándola, siempre con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Cierto, el Mimo había esperado hasta la madrugada del seis de enero para llevar la bicicleta rosa por pura crueldad... y tal vez el Tigre no se lo merecía, pero qué chigá, el Mimo también tenía derecho a ser cruel de vez en cuando, ¿no? Al fin y al cabo, él también tiene sus propias rayas, y el Tigre le hizo la más reciente.

Sin soltar la bicicleta con la mano izquierda, el Mimo alargó su brazo derecho (no mucho, pues es un brazo largo, como todo él) y tocó el timbre. Escuchó. Ya sabía que el Tigre no estaría dormido, ¡faltaba más! El Mimo no podía jactarse de conocerlo tanto, pero se había acostumbrado un poco a sus manías, a su humor, a sus cambiantes estados de ánimo, a su histeria, a su risita irónica que tanto le cagaba, pero que no podía sacarse de la cabeza. Efectivamente, el Tigre estaba hecho una furia, gruñendo, arrancándose los cabellos, corriendo de un lado a otro, buscando hasta en los lugares más ridículos, en la alacena, abajo de la cama, en el refrigerador. Abrió la puerta con tanta furia que el calor de la casa le dio una cachetada al Mimo, quien trató de no inmutarse. El Tigre tenía los ojos rojos, entre enfurecidos y tristes, y era obvio que había estado llorando.

La expresión del Tigre se ablandó significativamente cuando vio al Mimo. No se lo esperaba. Ahí estaba, parado frente a él, ligeramente encorvado, como siempre, altote, largote, flacote, todo enorme en él. Lo observaba con curiosidad y con un poco de tristeza. Trataba de mantener una mirada severa, pero sus grandes ojos negros no podían dejar de ser tiernos. El Tigre no entendió al principio, pero cuando bajó un poco los ojos y vio la bicicleta rosa, fue como si Dios personalmente lo hubiera rescatado del infierno. ¡Por supuesto! ¿Cómo había podido ser tan tonto? Era ahí donde la había escondido, y la había escondido tan bien que, entre la furia y la tristeza y la melancolía y la decepción de su reciente ruptura, había tenido a bien olvidarlo. Sí, en ese momento el nudo de la garganta se desató y poco faltó para que el Tigre se echara a llorar o se le echara al cuello y se lo comiera a besos.

El Mimo vio los cambios de ánimo en los ojos del Tigre que eran siempre tan jodidamente expresivos y no pudo enamorar evitarse un poquito más. ¡Ay, Tigre, Tigre tonto! Ahora el Mimo se reprochaba mentalmente el haber sido tan cruel. El Tigre no tenía la culpa, por lo menos no toda la culpa. Ay, Tigre, qué guapo te ves y qué sexy y qué tierno con esos ojitos enrojecidos. Ya, respira, aquí está la bici para la oruguita. Llegaron los reyes magos, llegué yo. Pero no, Mimo, no debes enamorarte un poquito más porque ya no funcionó una vez y no funcionará de nuevo y no puedes terminar desnudo en su cama porque a las seis la nena despertará excitada queriendo ver los juguetes y sería muy embarazoso.

Así estuvieron un minuto mirándose con los ojos representando todas las emociones shaekspirianamente posibles, hasta que el Tigre habló. Iba a decir hola, Mimo, cómo estás, quieres tomar un café, pero sólo pudo decir Gracias.

Gracias.

Sí, el Mimo lo sabía y le dolió mucho, porque finalmente ese momento lo habían planeado hace casi un mes con muchas sonrisas y complicidad y un poquito de fantasía. No, la nena no la encontrará porque yo la guardo ya en mi casa. Ah, ¡gracias! Qué buena idea, porque me ponía nervioso cada que pasaba cerca de la cochera, ya ves que es muy curiosa y por más que le prohíba... al contrario, con más ganas va y se mete. Pero no te preocupes, yo te la traigo el cinco así sirve que también te traigo tu regalote. Ja ja ja. Ja ja ja. Regalote te voy a dar yo a ti, que tú eres el niño, y yo soy los reyes magos. ¿Cómo, los reyes magos no existen? ¡No me digas eso que me vas a hacer llorar! Sí, son los papás. Ja ja ja.

Pues al final fue el Mimo, aunque todavía sea un niño que apenas va saliendo de la facultad y que no sabe nada de la vida, el que la hizo de rey mago, y no habrá regalote ni nada, ni café, ni plática, te dejo la bici, porque la compraste con tu dinero y me voy que tengo sueño. No, espera, tómate un café, soy muy tonto, se me olvidó, si no, te hubiera hablado ayer. No, en serio. Ándale.

Ay, Mimo, al final accediste y estás ahí sentado en la misma silla en la que estabas cuando se pelearon, se dijeron sus verdades, se mandaron a chingar a sus respectivas (ex) suegras. El Tigre prepara té y café descafeinado. Están en silencio. Qué momento tan incómodo. Fue una mala idea.

Hay que romper el hielo. Qué frío hace allá afuera, ¿verdad? Sí, es obvio que hace frío, es seis de enero. Mejor algo como ¿y cómo vas en la escuela? Bien, ya nada más tengo que entregar dos proyectos, pero ya casi están terminados. ¿Y tú ya viste lo de los trámites de titulación? En eso estoy, es un lío. ¿Y tu trabajo? Bien, Sergio me propuso que montáramos un show. ¿Magia y mímica? Oye, la cafetería de ese cuate al rato se va a volver circo. Y su perro tan melenudo podría hacerle de león.

El Tigre se sentó junto al Mimo y puso las tazas sobre la mesa y le sonrió tímidamente. Hey, gracias por lo de la bici, neta que estaba a punto de pegarme un tiro. No hubiera soportado la decepción en su carita. Ya... no te preocupes, en eso quedamos. El Mimo tampoco hubiera soportado saber que la oruguita se decepcionaba. Finalmente, la niña no tenía la culpa de que su papá y su novio se hubieran peleado como quinceañeras tontas. Y al final también le agarró algo de cariño. No era como si la empezara a ver como a su propia hija, y el hecho de pensar que técnicamente era casi su padrastro le daba escalofríos, pero no podía dejar de quererla, tan tierna y risueña. Además, aunque el Tigre solía tener un humor de perro rabioso bipolar, siempre, ante su sola presencia, sonreía de esa manera tan maravillosa. Sí, la niña es la culpable de que se enamorara.

Ay... no es una relación normal, Tigre: le llevas al Mimo diez años. Más o menos. Tienes una hija. Más o menos. Eres dos veces viudo. Más o menos. Estás muy rayado y desde el primer momento sabías que terminarías lastimándolo. Porque al fin y al cabo, el Mimo no es más que un niño que acaba de terminar la carrera, que vive con sus papás, que trabaja de mesero en una cafetería cuyo dueño es un mago aficionado... Necesitaría conseguirse un novio de su edad, ir al cine en las tardes, dedicarse a buscar trabajo sin estresarse demasiado porque sus papás le siguen sirviendo la comida a las cuatro en punto frente al televisor. El Mimo es un niño que ve caricaturas. Y sí, tú también ves caricaturas, pero no puedes engañar al tiempo y a las circunstancias. No puedes ser un novio adolescente que se va de pinta con su chico para revolcarse un rato en los asientos de hasta atrás del cine. Tienes que ir a la escuela, echarle muchas ganas, trabajar, llevar a la niña a la primaria, a las clases de natación, preparar la comida, hacerle el lunch, regañarla. No puedes hacerlo todo: papá, mamá, estudiante, novio adolescente, empleado mal pagado. Puros milagros contigo.

Al final, el Mimo se fue a su casa cuando empezaba a amanecer. El Tigre puso la bicicleta junto al árbol, sobre el asiento el zapato de la niña, practicó frente al espejo su mejor cara de sorpresa y se fue a la cama. El cansancio le ganó a los sentimientos y se quedó dormido. Era domingo. La niña, que el día anterior había estado hiperactiva, no se levantó hasta las diez, pero cuando lo hizo, fue a brincar a la cama del Tigre, quien se despertó sobresaltado.

Habían llegado los reyes magos.

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Mi tocayo, el Tigre de Tigretón Tontón, hace como medio año, ofreció los Premios Tigretón y me tocó el honor de recibir uno de ellos; sin embargo, el premio venía acompañado de un reto consistente en escribir un pequeño cuento.

Está bien bonito T_T Ay, lo amo


En teoría el cuento debería estar relacionado con la imagen y como ven, en realidad no lo está. LOL. Si se estira demasiado la idea del circo mencionada casi al margen, podría inventarme una justificación, pero la verdad es que no, no hay justificación. El cuento está dedicado este Día de Reyes al Tigre, a quien quiero mucho, y está, por cierto, basado en un suceso de la vida real que, no obstante, alteré y cambié hasta el punto que no lo reconoce ni su madre.

Espero que les haya gustado.

sábado, 15 de diciembre de 2012

One billion and Un billón

In Spanish "un billón" is not the same than in English "one billion", in Spanish it is 10¹² (12 zeros = un mllón de millones) and in English it is (10⁹) (9 zeros = a thousand millions). According to this video by Dr James Grime and Dr Tony Padilla, the Spanish way is mathematically more logical.

But in Spanish, the logic in that is not just mathematical, but also linguistic (and not just etymological as shown in the video): "un millón" (10⁶) and "un billón" (10¹²) are not numeral determiners, but nouns; so we say "mil cosas" ("mil" is a numeral determiner -a.k.a. numeral adjective) but "un millón DE cosas" and "un billón DE cosas". There is no need to have a word for a number that can already be expressed with a rather simple expression as "mil millones"; just when the last numeral determiner possible is used (999,999 = novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve is STILL a determiner), then we need another noun to avoid a complex expression as "un millón DE millones DE cosas".



PS: Escribí este post en inglés porque en un principio era un comentario para el video mismo, que está en inglés. Pero quedó muy largo y me gustó, así que decidí publicarlo acá.

martes, 4 de diciembre de 2012

¿Para qué estudias eso?

Se supone que uno tiene vocación y que la vocación determina lo que se debe ser para ser feliz. Si es una vocación práctica y "útil", como ser cocinero o ingeniero automotriz, todos contentos. ¿Pero si nuestra vocación no es tan útil para los estándares de la vida moderna, de la cultura occidental? Entonces se nos critica, se nos dice que no triunfaremos en la vida o que moriremos de hambre. Incluso, se nos cuestiona... ¿Para qué quieres estudiar eso? Nótese la preposición. Yo no estudio PARA algo, yo estudio POR algo. Porque la respuesta a "¿por qué?" varía de persona a persona, pero la respuesta a "¿para qué?" debería ser siempre la misma: PARA SER FELIZ.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Banderas, patriotismo e identidad

El "grito" de independencia; imagen robada vilmente de facebook.

Gracias a mi ñoñez académica y a una muy conveniente beca, tuve la oportunidad de pasar la primera parte de este año en Francia, estudiando un semestre de mi carrera. 

Yo nací en México: soy mexicano. No soy la persona más patriota del mundo; de hecho, si bien considero que amar a la patria no tiene nada de malo, no me parece el más importante de los valores cívicos y, más bien, considero que, en exceso, el sentimiento nacionalista es sumamente peligroso (como la historia se ha encargado de demostrar); no veo en el llamado "malinchismo" un defecto y, todo el mundo lo sabe, uno de mis proyectos para el futuro es emigrar. Me gusta decir, cursimente, que soy "ciudadano del mundo", y uno de los derechos humanos que más defiendo (y que resulta ser uno de los más pisoteados) es la libertad de tránsito.

A pesar de todo eso, yo no me avergüenzo de ser mexicano y hasta albergo en mi corazón un cierto orgullo por serlo. Ser mexicano es una parte de mi ideantidad que no podrá cambiar nunca y que no quiero que cambie, y al tener la experiencia de vivir en el extranjero, descubrí también la emoción y el placer de ser mexicano: distinguir la bandera de México, hábilemente camuflajeada entre las banderas italianas (eso me pasó en Roma); encontrarse con un compatriota en el metro y saludarlo con alegría porque lo escuché hablando mi dialecto del español, o preparar una exposición sobre la fête des morts que extrañara, interesara, maravillara o conmoviera a mis compañeros de curso, italianos, españoles, chinos, búlgaros y rumanos. Estar en el extranjero no me hizo exactamente extrañar a mi país (aunque tal vez porque estuve muy poco tiempo), pero sí me hizo encontrarle un gran placer a vivir y compartir mi identidad: ser diferente me hacía especial e interesante, y cuando se tiene buena voluntad, los díalogos interculturales en los que se comparte la propia cultura, pero también se aprende de la cultura ajena, resultan una de las más enriquecedoras experiencias.

Hoy (y no sólo por mi experiencia en el extranjero, sino por la madurez que, en general, he ido adquiriendo al crecer) me doy cuenta de lo importantes que son los símbolos, entre los cuales la bandera es el símbolo por antonomasia. Un símbolo trasciende lo que es, su forma física y sus colores, y adquiere un significado enorme: el símbolo es la expresión de toda la identidad, una de las cosas que, a nivel individual y colectivo, más apreciamos los seres humanos. 

Sin embargo, no siempre fue así. De hecho, de niño y preadolescente, crecí detestando la bandera tricolor. No era tanto una cuestión de "malinchismo" (aunque en parte sí me daba cuenta y despreciaba las deficiencias de mi país); más bien, la educación para el patriotismo resultó ser un arma de doble filo. En efecto, durante casi una década se me exigió que todos los lunes me parara bajo el rayo del sol, en posición de firmes, durante una buena media hora, incómodo hasta el paroxismo y enfundado en un horrible uniforme para "rendir honores", saludando con un gesto que ma parecía de lo más ridículo, a un pedazo de tela que se paseaba por el patio de la escuela. Así lo pensaba en ese entonces y la escuela me enseñó, contrariamente a lo que el sistema pretendía, a no apreciar en absoluto ese símbolo que para mí simbolizaba una ceremonia cansada e inútil.

Ahora me doy cuenta de la importancia de los símbolos y hasta me pongo de pie para escuchar el himno nacional, pero me sigue pareciendo que la ceremonia de honores a la bandera, con su instrucción militar velada y el cinismo que los profesores (el "honorable presidium") exhibían, colocándose en el único lugar con sombra y con su botellita de agua al lado, es algo a lo que no debería obligarse a los niños pequeños, no porque la ceremonia en sí sea mala, sino porque ellos no entienden (o, por lo menos, yo no entendía) el objetivo de ella, y porque enseñar a niños pequeños ritos autómatas como saludar a un símbolo parece, más que educación, adoctrinamiento. 

Yo creo en la importancia de los símbolos y de la identidad, pero también creo en el derecho al individualismo, a que cada quien pueda elegir qué partes de su identidad (personal, nacional, lingüística, sexual) apreciar y demostrar (así como militar por éstas) y que partes reservar a un esquema más privado o, incluso, cambiar (en la medida en que esto sea posible; todos sabemos, por ejemplo, que es imposible cambiar la orientación sexual o la lengua materna, mientras que sí es posible cambiar de ideología política o religiosa; en cuanto a la nacionalidad, si bien no es posible deshacerse de ella [en el caso de los mexicanos por nacimiento], sí es posible agregar una segunda o tercerea y cambiar de país de residencia).

Y sobre las fiestas... bueno, creo que cualquier excusa es buena para celebrar.

¡Viva México!

lunes, 4 de junio de 2012

Judas Kiss

¿Conocen a Brent Corrigan? Seguramente sí, no se hagan. Es un actor porno gay muy popular.


Pues bien, Brent últimamente ha decidido que quiere ser recordado por algo más que su enorme pene, su delicioso culo y su coqueto tatuaje en forma de estrellita, y por eso ha empezado a aparecer en películas que no son porno, aunque sí son muy gays: tuvo un rol secundario en Another Gay Sequel, que es la secuela de una especie de American Pie gay que no he visto pero que tiene muy mala pinta; también apareció, aunque sólo incidentalmente, en Milk, una película mucho más meritoria.

Brent Corrigan, o Sean Paul Lockhart, que es su verdadero nombre y el que al parecer ahora prefiere, dio personalmente mucha promoción a una película llamada Judas Kiss. Una película de temática gay, por supuesto, pero que, cuando vi el trailer, me llamó bastante la atención, pues no es para nada una comedia barata como Another Gay Movie y su secuela.


Judas Kiss es la historia de un cineasta fracasado que en su juventud ganó un premio al parecer importante. Años después, amargado con la vida, se ve obligado, contra su voluntad, a ser uno de los jueces en el mismo concurso que ganó de joven.

La noche anterior al día en que conocería a los concursantes, nuestro héroe va a una fiesta y se enrolla sexualmente con un muchachito muy sexy y mucho más joven que él. Al día siguiente, oh, sorpresa, resulta que su ligue de una noche es uno de los concursantes.

La trama en ese momento parecería ya lo suficientemente cliché, pero un elemento nuevo hará que las cosas se compliquen: resulta que el cortometraje que el joven cineasta wannabe presenta para el concurso es exactamente el mismo que el juez presentó años atrás. Es más, el joven concursante de hecho tiene el mismo nombre que el juez usaba en su juventud (y que cambiaría después por conveniencia de la trama).

Obviamente, tras pasar por las dos fases reglamentarias en este tipo de situaciones (una: pensar que todo es una broma y dos: sospechar que se ha vuelto loco), nuestro protagonista acepta el sobrenatural hecho de que se ha visto envuelto en una especie de doblez temporal y de que eso significa que tiene una misión importante que cumplir: evitar que su yo joven se convierta en el amargado y fracasado yo actual... y para lograrlo, deberá evitar a toda costa que gane el concurso, exponiendo frente a todos que en realidad hizo trampa: una trampa muy sutil, tan sutil que la verdad yo no entendí cuál era, pero que él evidentemente conocía (pues fue él mismo quien la perpetuó).

¿Y Brent Corrigan en dónde sale, por cierto? Su papel es el del buen mozo, simpático y tierno que conquistará (creo) el corazón de nuestro joven protagonista.

Al final, el personaje logra evitar que su contraparte juvenil gane el concurso y con ello alcanza la felicidad. La película falla en explicar por qué demonios perder el concurso era tan importante para lograr el éxito, y cuando terminé de verla sólo pude pensar... ¿y luego...?

La idea del hombre que vuelve al pasado para evitar que su yo del pasado haga tonterías es una idea reciclada (aunque el hecho de que el personaje haya tenido sexo consigo mismo es un punto original, pero intrascendente). Si hay algo que le puedo reconocer a la película, empero, es que no hace del hecho de que el personaje sea gay un gran alboroto. O sea, que no es una película gay, sino una película cuyo personaje es gay, lo cual me parece meritorio, aunque no suficiente. Las actuaciones no son malas, pero no sobresalen, y los personajes resultan atractivos más por sus lindas caras (que la verdad sí están bien pinches guapos todos, no se puede negar) que por sus elaboradas personalidades.

Sean (o Brent, como sea) no logra con esta película demostrar un talento que vaya más allá de su cuerpo perfecto y de su dulce rostro, de modo que falla miserablemente en su cometido. No me lo tomen a mal, no quiero decir que el chico no tenga talento para el cine no pornográfico, sólo que si lo tiene, esta cinta no logra mostrarlo.

Me parece muy bien que Lockhart quiera triunfar en un mundo más allá del porno, pues se nota que tiene cerebro y que es un buen tipo, y, aunque no me parece para nada vergonzoso su trabajo de estrella porno, yo tampoco querría ser recordado sólo como un juguete sexual. Espero, sin embargo, que sus próximos proyectos sean más logrados que éste, y que se desligue un poco del "cine gay", no porque tenga nada de malo este tipo de cine, sino porque sus consumidores no pueden dejar de ver en Sean a Brent Corrigan.

No recomiendo Judas Kiss, aunque creo que no es una película tremendamente mala. Visualmente, excepto por el efectillo especial barato que usan en los momentos de mayor tensión temporal (todo como que brilla para dar a entender que algo sobrenatural está sucediendo...), tiene lo suyo, y no me aburrí viéndola.

miércoles, 2 de mayo de 2012

11 meme 11

Mi tocayo Tigre (cuyo blog es uno de mis favoritos y que, por cierto, siempre me ha llamado la atención con la particular coincidencia entre nuestros nombres y apodos - Francisco Tigre, Francisco LeÓn) me etiquetó en este meme. Siempre, en mi época de blogger, me emocionaba mucho que me etiquetaran en estas cosas, aunque no sucedía muy a menudo; con el declive de los blogs al que yo mismo he contribuido, es evidente que ahora sucede mucho menos. Y sin embargo, mi tocayo se acordó de mí y le estoy agradecido.

Las reglas son estas: él hace 11 preguntas que yo debo responder; después yo hago 11 preguntas que otros 11 responderán y así hasta el infinito.

Voici :

1. Describe tu habitación, o ese rinconcito que refleje tu persona.

Mi cuarto está bien iluminado, tiene un tragaluz que me ayuda a dormir cuando hay lluvia (el sonido de las gotas contra el cristal me arrulla) y es a la vez la parte más caliente y la más fría de mi casa (se calienta mucho de día, se enfría mucho de noche; se calienta mucho en verano, se enfría mucho en invierno). Hay una cama, varios libreros llenos de libros (de los cuales muchos no he leído y están en la fila de espera), el escritorio de mi computadora, un buró, una ventana con cortinas (no persianas, porque odio las persianas). Lo más remarcable probablemente sean las paredes: me encanta pegarles cosas. Posters, envolturas de chocolate, dibujos que me han hecho, postales de lugares a los que he ido... no se trata de un ejercicio semiótico (por lo menos no conscientemente hablando), es decir que lo que pongo en mis paredes no necesariamente significa algo y no se supone que refleje mi personalidad o algo así; más bien es por razones estéticas: según yo, se ve chido.

2. Dónde te gustaría viajar: en el futuro, en el pasado. A qué época? Por qué?

Si tuviera que hacer turismo temporal, me gustaría viajar a lugares en los que he estado en sus épocas de gloria. Por ejemplo, cuando voy a ruinas (recientemente fui a un teatro romano antiguo), me gustaría ver cómo era realmente en la época en la que se representaban obras de teatro durante el imperio romano. Con la idea de comparar de manera viva cómo era antes y cómo es ahora. Ahora bien, si fuera para quedarme a vivir, preferiría el futuro. Sí, ya sé que no pinta muy bien, pero la verdad es que soy optimista y me gustaría ver los adelantos tecnológicos.

3. Un sueño inconcluso.

No sé si aquí sueño se utilice en sentido onírico. Decidiré que sí, porque todavía estoy joven para decir que mis sueños y ambiciones se quedaron inconclusas :P. En realidad, todos los sueños son inconclusos. Le daré la vuelta a la pregunta y contaré esa vez que soñé que me asesinaban. Así, llanamente un ladrón se metía a mi casa y me disparaba en el pecho. Es la única vez que he soñado que me muero y el sentimiento fue rarísimo. Podría ser el único sueño de mi vida que ha concluído, pero al despertarme (porque me desperté al morir) tenía la sensación de que algo faltaba.

4. Cuánto es lo menos de tiempo que te has acabado de leer un libro?

Un día: Harry Potter y el Caliz de Fuego. No es el único que he leído en un día (los tres anteriores de la serie, entre otros libros, se incluyen en esa lista), pero es remarcable porque es bastante larguito.

5. Qué película te hizo carcajearte hasta doblarte?

Vaya... no estoy muy seguro. Varias de las películas de la serie Scary Movie han logrado ese efecto, pero no sé cuál lo hizo mejor. También algunas de ese mismo estilo, como esa de Vampire Suck (parodia de Twilight), que son muy malas, pero con las que se pasa chido el rato.

6. Con qué canción te identificas más?

Soy una persona muy poco musical, pero hubo una época en la que me sentía muy identificado con una de Reik (creo)... algo sobre "Yo quisiera ser ese por quien..."; ni siquiera estoy seguro del título (¿Yo quisiera?). Ahora ya no me identifico con ella, pero marcó una buena parte de mi vida :P. En estos momentos, no se me ocurre una canción que me identifique (que no es lo mismo que una canción que me guste).

7. Defectos que odias en las personas.

Si tengo que odiar algo en las personas, es el que no sepan escuchar. Cuando intentas hablar con alguien y te interrumpe, te ignora o te da el avión. Me enfada. Si no, también odio que la gente fume (no a la gente que fuma). Y también a las personas desesperadas (ahí me identifico un poco). Ahora que estoy en Francia, he visto a mucha gente desesperada por fumar. Están en el autobús con el cigarro en la boca y el encendedor en la mano para poder prenderlo justo en el preciso instante en el que atraviesan la puerta y entran en el glorioso territorio de se puede fumar. Me irritan mucho.

8. Háblanos de la comida tradicional de tu país. Cuál es tu favorita? Qué lleva?

Soy Mexicano y la comida mexicana me gusta excepto porque no soporto el picante (sí, lo sé, soy un gran bicho raro en México). Si no, me encantan los tacos al pastor, que son tacos de tortilla de maíz con carne preparada especialmente ("al pastor", duh xD)... se acompañan generalmente con piña, pero a mí no me gusta. Por otro lado, las tortillas (de maíz, no de harina de trigo) son un complemento indispensable en prácticamente todo lo que como, desde los huevos del desayuno, el arroz, la pasta, la ensalada... prácticamente todo me lo como con tortillas. Las amo.

9. Anécdota de tu infancia que quieras compartir.

Más que una anécdota, contaré algo que creía cuando era niño (lo recordé con el HashTag de Twitter #DeNiñoCreíaQue, que se popularizó el 30 de abril): mi hermana me spoileó la realidad sobre los reyes magos a muy corta edad, pero mi infantil mente no se resignó e inventó otra fantasía igual de inverosímil e incluso más bonita: el 5 de enero, a la mitad de la noche, todas las jugueterías estarían abiertas y los padres de todo el mundo acudirían a conseguir juguetes en una enorme fiesta nocturna de luz y color. Después comprendería que los juguetes los compraban semanas o incluso meses antes )=.

10. El buen beso debe ser...

Es difícil de definir un buen beso. No debe ser muy baboso, debe empezar lenta y dulcemente y luego volverse más apasionado. Descubrí que lo más importante es que haya práctica, porque los primeros besos son por lo general malos (y sí, me enteré de que algunos de mis primeros besos dijeron que yo besaba mal, y lo cierto es que ahora me doy cuenta de algunos defectos en mi manera de besar en esa época).

11. Chocolate o fresa? XD

Chocolate. Mil veces chocolate.

Et voilà ! Ahora haré mis once preguntas...

1. ¿Alguna vez has estado enamorado de dos (o más) personas a la vez?
2. ¿Alguna vez has aplaudido en el cine, cuando se acaba la película? Si sí... ¿en qué película?
3. Si tuvieras que elegir aprender un idioma que NO fuera inglés, alemán, japonés, chino o cualquier lengua romance, ¿cuál sería y por qué?
4. Háblanos de tus hábitos de sueño.
5. ¿Mar o montaña?
6. Cuéntanos la historia de tu firma (sí, con la que firmas los cheques y los documentos).
7. ¿Frío o calor?
8. ¿Quién es tu mejor amigo y por qué es tu mejor amigo?
9. ¿Qué nombre le pondrías a tu primer hijo varón? ¿Por qué?
10. ¿Qué nombre le pondrías a tu primera hija? ¿Por qué?
11. ¿Qué escuchas en este momento?

Y mis nominados son...

Chin, no creo tener a once lectores ni siquiera como para nominar a once personas... Empezaré por mi otro tocayo, que recién retomó su blog (así tienes algo qué escribir que no sean tus traumas xD). Y... no sé, ese chico Darky que a veces me comenta (a pesar de que su blog lleva abandonado más tiempo que el mío). Vamos dos... emmm... En tercer lugar, al Xavy, que desde que es tuitstar se olvidó de los blogs. Yeah. Y después... ah demonios, esto es demasiado difícil! Quien lo quiera hacer, que lo haga, pues, y me ponen un comentario indicándome que lo hicieron y los añado a la lista. Sé que es trampa, pero pues... qué se le va a hacer.

Los amo.