Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de julio de 2018

Un consejo raro para superar a tu ex

Hace un año y un día, mi entonces novio terminó conmigo.

Iba a escribir un post al respecto, pero luego pensé: "¿y si hago un video?". Al fin y al cabo, es lo de hoy hace diez años.

Por si alguno de mis dos lectores tenía curiosidad de cómo se oía mi voz, ahí está:


lunes, 3 de abril de 2017

Sobre lo que significa ser fiel

Ya alguna vez he dicho que me parece una terrible idea ver la fidelidad en términos únicamente de exclusividad sexual. Y me parece que en nuestra sociedad occidental y melodramática, esto es precisamente lo que se hace. Pareciera que lo único realmente importante para que una relación sea sana, duradera y feliz, es que ambas partes se comprometan a no coger con nadie más. Y pareciera que lo más terrible que puede pasarle a alguien es que le pongan el cuerno. Y pareciera también que no hay nadie en el mundo que no haya estado en una situación cornuda (sea como víctima o como victimario). Nuestra cultura nos ha convencido de esto y por eso nos da pavor cuando alguien sale con ideas sumamente modernas como las relaciones abiertas o el poliamor, y nos es imposible ver a esas personas con seriedad. La monogamia parece convertirse en la única verdadera prueba de amor.

Yo no estoy en contra de la monogamia (como tampoco estoy en contra del poliamor, la poligamia, las relaciones abiertas y que cada quien haga de su culo un papalote), y no condeno la cultura occidental-católica-monogámica en la que me tocó vivir. Sin embargo, creo que hay un problema de perspectiva cuando la fidelidad se entiende únicamente como respeto a la monogomia.

Estar en una relación amorosa es mucho más que amarse, coger, compartir la cama y desayunar juntos. Las relaciones amorosas implican ser junto al otro. Ser personas sumamente complejas, como no se puede de otro modo, y lidiar con la complejidad del otro. Amar con y a pesar de lo que el otro es y de lo que uno mismo es, pero también con y a pesar de todo lo que tanto uno como el otro son potencialmente. Y todos somos criminales (y cosas peores) en potencia. Estar en pareja implica, por lo tanto, aceptar la individualidad del otro y, aun así, atreverse a llamarse “nosotros”. Amar es arriesgarse a perder el control sobre lo único sobre lo que se tiene certeza, pues en un mundo tan caótico, sólo tenemos un limitado control sobre nuestra propia vida y nuestras decisiones, y amar es meter a un agente externo y potencialmente peligroso a nuestra primera persona. Estar en una relación amorosa, por lo tanto, exige establecer un compromiso con el otro, un compromiso sumamente irrazonable (porque no hay modo científico y objetivo de asegurar que va a funcionar) y que, desde mi punto de vista, tiene como eje fundamental la confianza: dado que me es imposible dominar tus acciones, mi principal compromiso contigo es confiar en ti.

Ahora, volviendo al tema de la fidelidad, me parece que ésta no debería definirse como respeto a la exclusividad sexual, sino como respeto al compromiso mismo, al contrato de pareja, como diría Sheldon Cooper. La parte modular del contrato es la confianza. La exclusividad sexual puede o no formar parte del contrato y eso depende de lo que cada pareja decida. Ser infiel, entonces, es faltar al contrato, y, por lo tanto, se puede ser infliel sin necesidad de poner los cuernos: por ejemplo, siendo sumamente celoso (incluso aunque los celos estén bien fundamentados, en cuyo caso ambas personas están faltando al contrato, uno por falta de honestidad y el otro por falta de confianza, y sería mejor que la relación terminara). Si estoy en una relación y el otro me cela, me está siendo infiel, porque yo espero que confíe en mí. Así visto, es casi contradictorio decir que alguien me cela porque le preocupa que yo sea infiel; es la idea de pelear por la paz o coger por la virginidad: desconfiar en pro de la confianza. Por supuesto, los celos pueden ser una reacción normal a ciertas situaciones (por ejemplo, si veo que un hombre guapísimo le habla a mi pareja, puedo sentir un poco de incomodidad), pero yo me refiero a los celos que se eligen, es decir, cuando la persona elige actuar a partir de los celos (alimentándolos y haciéndolos crecer en un círculo vicioso), con cosas como revisar el celular, controlar las acciones del otro o reclamarle antes de que haya hecho nada.

El otro día surgió en clase la pregunta sobre si es lo mismo infidelidad o traición. Me parece que sí lo es, en sentido estricto, pero no lo es tomando en cuenta que el significado de fidelidad se ha especializado en el concepto de fidelidad sexual. Justamente por eso es que me parece inadecuado entender la fidelidad desde la perspectiva desde la que se entiende habitualmente. Valdría la pena preguntarse entonces, independientemente de si le hemos o no puesto los cuernos a nuestra pareja, si es que alguna vez hemos sido infieles. Hasta las señoritas más honestas y recatadas tendrían entonces que pararse a pensar.

Me gustaría terminar esto con una pequeña reflexión sobre la libertad.

Lo que más me molesta de que en nuestra cultura exijamos con tanto ímpetu la exclusividad sexual de nuestras parejas es, justamente, que le damos demasiada importancia a ser los únicos y absolutos dueños de algo. Si se piensa bien, no es muy diferente de la idea sexista de que la mujer debe llegar virgen al matrimonio. Queremos ser dueños de una parte del otro. Sin embargo, estoy convencido de que el componente más importante de la felicidad es la libertad: ¿cómo puedo entonces decir que amo a alguien si lo primero que hago es constreñir su libertad? Si yo te amo, quiero que seas feliz y quiero hacer lo que esté en mis manos para que seas feliz; ergo, cuando amo, lo primero que quiero dar es libertad.


Por eso es tan contradictorio y, sin embargo, tan tristemente normal, tan tristemente lógico, que ciertas personas rehuyan a las relaciones de pareja porque temen perder su libertad.

martes, 17 de febrero de 2015

La búsqueda del amor verdadero

o

Abdicación a la resignación

o

Reflexiones de un solitario que no tiene miedo de decir que quiere encontrar el amor algún día


Febrero. El mes del amor. Para mí, febrero se convirtió en el mes del amor por mera coincidencia, exactamente una semana después del día de los enamorados en el año 2009: ese día comenzó la relación amorosa más larga que he tenido. Esa relación llegó a su fin hace menos de un año, de modo que este febrero del 2015 es, por contraste, el más solitario (en términos amorosos, evidentemente) al que me he enfrentado.

Desde muy chico viví con la idea de tener una pareja romántica. Cuando era adolescente, sufrí, como todos, como corresponde a esa etapa de crisis y descubrimiento. Me enamoré con fuerza de alguien que no me quería y derramé lágrimas de agua y tinta en muchas y muy patéticas entradas de mi extinto blog. No niego que mucho de ese sufrimiento era autinfligido e innecesario, pero no me parece criticable, pues, ¿quién espera otra cosa de un adolescente que quiere amar? Alguna vez me preguntaron: “Quieres un novio, bien, ¿qué harás cuando lo consigas?”. Seguir queriéndolo, respondí. Y así lo hice.

Tuve una relación inusualmente larga para un chico de 19 años. Cinco años, para asombro de casi todas las personas a quienes les cuento. Tuve mucha suerte, pues mi ahora ex novio es una persona muy tierna y muy amorosa que no tenía miedo de entregarse. Nuestra relación terminó por circunstancias en las que no elaboraré ahora (quienes me conocen, las conocen). No hay por qué hacer un drama al respecto. Es difícil que, cuando uno es joven y está decidiendo qué hacer con su vida, las circunstancias sean siempre favorables. Las cosas pueden acabar y es importante aceptar esa realidad. Sin embargo, ahora me encuentro con que ya no soy un adolescente y me siento un poco perdido en la manera en que debo afrontar el dolor y la soledad.

Ayer escuché a un amigo decir: “Todas las relaciones están destinadas a terminar, es algo que hay que aceptar cuando decidimos iniciar una”. No estoy de acuerdo. En primer lugar, porque no creo en el destino: lo único que es inexorable es que vamos a morir, y, en ese sentido, pues sí, no hay duda de que ninguna relación podrá ser eterna, pero no creo que sea imposible lograr “sentar cabeza”, encontrar a alguien para compartir la vida y trabajar en ese amor para que dure hasta que, literalmente, “la muerte nos separe”. Muchos quieren encontrar ese amor, y querer es poder (no ipso facto, pero con la voluntad ya se tiene buena parte del camino hecho).

Lo que es cierto es que no es fácil. Y muchos no están dispuestos a afrontar lo que implica amar de verdad. Hay mucha suerte involucrada en encontrar el amor, pero las estadísticas nos son favorables: conozco a pocas personas que no hayan tenido por lo menos una relación romántica antes de los 25 años. Encontrar el amor no es difícil, y muchas veces basta con esperar (si el azar no es suficiente, buscar tampoco es tan complicado); no obstante, mantener el amor puede llegar a ser una empresa herculina. Para muchos no vale la pena, por agotadora, lo cual es perfectamente comprensible; para otros, sin embargo, puede (debe) ser apasionante.

El gran problema es resignarse. A todos nos hicieron sufrir. A todos nos tocó que nos pusieran el cuerno, que jugaran con nuestros sentimientos, que nos dijeran mentiras, que no fueran lo suficientemente maduros, que fueran abusivos o violentos. Algunos hemos tenido la buena suerte de terminar relativamente bien con nuestras anteriores parejas, pero muchos nos encontramos con episodios realmente traumáticos. Y entonces decidimos aceptar que, aunque iniciemos una relación, ésta va a terminar necesariamente, porque “así es la vida”. El problema deja de estar en la probabilidad triste, pero innegable, de que nuestro próximo novio sea un patán, y pasa a radicar en que nosotros mismos, por culpa de un puñado de malas experiencias, propias o ajenas, ya no estamos dispuestos a ponerle pasión a nuestra relación porque ¿para qué, si de todas maneras la ley de Murphy nos enseña que lo que empieza bien acaba mal?

No podemos tener control absoluto sobre la vida. Cuando nuestro ego es tan grande como para querer eso, es innevitable que suframos a causa de la frustración. El destino no existe y no depende de que la suerte nos ponga enfrente a nuestra alma gemela. Si queremos amor verdadero, tenemos que cosecharlo, trabajarlo, y para eso necesitamos ponerle la misma pasión que un artista o un científico le ponen a su trabajo. Y cuando encontremos a otro ser igual de apasionado, hay que comprometerse a trabajar juntos y a aceptar, ahora sí, que nadie es perfecto, que vamos a cometer errores, que nos vamos a dañar mutuamente... Pero el amor es más grande que nuestra humana torpeza.

Yo no me resigno. Yo sí creo en el amor verdadero porque en mí mismo tengo la prueba irrefutable de que existe. Porque sé que puedo generarlo, que puedo mantenerlo, que es una de las pocas cosas que dependen de mi voluntad, por lo menos en gran parte. Y si yo existo, ¿por qué no habría de existir otro igual que yo? ¿Por qué no habríamos de encontrarnos algún día? ¿Por qué no habríamos de conocernos y reconocernos? ¿Por qué no habríamos de estar abiertos a enamorarnos el uno del otro?


¿Por qué no habríamos de estar dispuestos a enamorarnos el uno del otro cuantas veces sea necesario?

miércoles, 14 de enero de 2015

Siempre buscando

Hay personas a las que les va bastante bien estando solteras. Disfrutan mucho de salir con gente sin compromiso, se dedican a ellas mismas y son muy felices así. Yo no soy de esas personas.

No me gusta estar solo. Y no me imagino solo en un futuro lejano. Para mí tener pareja es algo importante, y no me da miedo decirlo.

Ahora estoy solo. Y es difícil. Sin embargo, no quiero ponerme a buscar a alguien. En primer lugar, porque buscar es complicado, triste, frustrante y cansado. En segundo lugar, porque mis planes a mediano plazo involucran irme muy lejos del lugar en donde estoy, de modo que tener pareja podría convertirse en una carga. En tercer lugar, porque también tengo que acostumbrarme a la soledad.

Más bien, necesito aprender a estar solo, porque no siempre voy a tener a alguien a mi lado. Así es la vida y tengo que comprenderlo. Es mejor que ahora que estoy solo, aproveche para estar solo. Luego, espero, sucederá como todos mis amigos me dicen cuando estoy un poco triste: llegará. Ojalá.

sábado, 10 de enero de 2015

Lo que te hace querer escribir

Me gustaría volver a escribir aquí. Tener un blog fue, durante mucho tiempo, una parte importante de mi vida. A través de mis blogs he conocido gente y he dejado un registro de mis emociones. Durante los últimos seis meses escribí un diario íntimo, en una libreta que compré en Shakespeare and Company, una librería parisina.

En mi pequeño diario escribí mucho acerca de un chico del que me enamoré recientemente. Tuvimos un algo corto, pero intenso, por lo menos para mí. A mí me gustaba mucho, y yo sé que él también se sentía muy atraído por mí, pero, mientras que yo no pude evitar enamorarme, él nunca tuvo la intención de involucrarse emocionalmente. Esto yo lo suponía, pero preferí hablarlo francamente y, una vez comprobado, le dije adiós.

Pasé sólo un par de semanas pensando en él y sintiéndome triste. Ahora lo tengo fuera de mi sistema. Finalmente, si bien yo lo quería, todo esto era aún muy reciente. De hecho, al enfrentarme a su rechazo, el recuerdo mi ex-novio, con quien a penas terminé hace ocho meses, era lo que más aparecía en mis sueños.

Más que dolor en el corazón, esta breve no-relación con este chico me dejó un sentimiento de frustración. Yo estaba dispuesto a darlo todo (porque no creo que se pueda hacer de otra manera), y él no quiso tomarlo. Eramos compatibles, mucho, pero él no quería. Simplemente, fue una cuestión de voluntad.

Lo curioso es que, terminada esta etapa de mi vida, se me quitaron las ganas de escribir en mi libretita de Shakespeare and Company.

Me encanta escribir. Me ayuda mucho a relajarme, a poner en orden mis ideas y a sentirme mejor cuando no estoy del todo bien. Desde hace años he querido escribir de manera constante, pero siempre termino dejándolo. Tal vez debería aceptar que escribir un diario no es lo mío. Siempre tendré mis etapas de escribir a menudo y de no escribir para nada. Por eso nunca he "cerrado" mi blog.

Ya que esto es público, es una lástima que no sea lo suficientemente interesante...

viernes, 25 de julio de 2014

El amor no se equivoca

Fotografía de Braden Summers, tomada de http://ovejarosa.com/las-14-imagenes-mas-bellas-del-amor-homosexual/

Hoy veo a dos amigos míos abrazarse, besarse, hacerse regalos. Decirse: "los momentos que he pasado a tu lado han sido los mejores de mi vida". Están enamorados. La ternura con la que se miran, el amor joven que se profesan... ¡Basta verlos para entender que es un amor real! Si Dios existe, estoy seguro de que no hay nada que le complazca más que ver cómo dos personas se aman con tanta sinceridad.

¿Alguien podría pensar que está mal? ¿Que hay algo incorrecto en esas manifestaciones de cariño? ¿Que es un "pecado"?

Es que son dos hombres.

¿Dónde está la complementariedad? ¿Dónde está la naturaleza?

Cierto, puede sonar muy lógico: la naturaleza (o Dios) nos hizo hombres y mujeres para que nos complementáramos y nos reprodujéramos.

La reproducción... la supervivencia de la especie. 

Pues yo creo que es muy soberbio de nuestra parte creer que somos dueños de la verdad y el entendimiento. Cierto, lo más lógico a simple vista es que los hombres están hechos para estar con las mujeres y viceversa. Pero es un hecho innegable que no siempre es así. Algunos hombres aman a otros hombres. Algunas mujeres aman a otras mujeres. Y créanme, se complementan muy bien. Hoy lo comprobé una vez más. No fue una ilusión.

Pero... ¡la reproducción! ¡La supervivencia de la especie!

¿Por qué es esto tan importante? La naturaleza de todas las especies es buscar instintivamente la reproducción. ¿La homosexualidad contradice esta naturaleza? No lo creo. La reproducción no depende de todos los elementos de la especie. Siempre habrá algunos que no se reproducirán y eso está bien. Es lógico que el porcentaje de población homosexual sea menor al porcentaje de población heterosexual. Sólo eso basta para explicar cómo la naturaleza se asegura de la supervivencia de la especie.

Además, en muchas especies animales se ha observado la homosexualidad. Incluso en algunas especies que tienden instintivamente a formar parejas monógamas de por vida. Pero incluso aunque no fuera así... ¿que acaso no somos seres humanos? ¡Hemos trascendido el mero instinto!

Tal vez sea cierto que la homosexualidad es un fallo en el sistema. Finalmente, ningún sistema está exento de entropía. Pero este "fallo", por llamarlo de alguna manera, no impide en ningún momento que el sistema funcione. Quédense tranquilos: la supervivencia de la especie queda asegurada a pesar de que las parejas formadas por personas del mismo sexo decidan vivir felices para siempre. Y quién sabe... tal vez Dios (o la naturaleza), en su infinita sabiduría, haya decidido poner a estos individuos ahí por una razón que aún no comprendemos. ¿Quiénes somos nosotros para pretender comprenderlo todo?

A mí no me interesa comprenderlo. ¿Por qué hay hombres que se enamoran de otros hombres? ¿Por qué hay mujeres que se enamoran de otras mujeres? ¿Por qué hay personas que se enamoran de otras personas, a veces sin importarles de qué sexo o género sean? ¿Por qué hay personas que no se enamoran y así están felices? ¿Por qué no todo en el mundo se adapta a lo que parece lógico, "normal", incluso obvio?

Yo no necesito entender por qué sucede para darme cuenta de que no tiene nada de malo que suceda. Porque cuando veo a estos dos chicos abrazarse, mirarse a los ojos, susurrarse palabras tiernas al oído, sonreírse y ser felices juntos, estoy seguro de que ningún Dios de amor y misericordia reprobaría tanta belleza.

Sí, yo he decidido creer en Dios. Me gusta creer que hay un ser que nos trasciende. Y me gusta creer, como me enseñaron mis padres, que ese ser es un ser de amor, que se complace en el amor y que quiere amor y felicidad para sus hijos. Y a este Dios en el que yo creo le complace el amor homosexual porque el amor nunca será algo incorrecto o equivocado, sin importar qué epíteto tenga.

viernes, 10 de enero de 2014

El enamorado eterno



Llevo cinco años en una relación.

En cinco años pasan muchas cosas. Y una de esas cosas es que uno puede enamorarse y desenamorarse de la misma persona en múltiples ocasiones sin que eso amerite terminar la relación. De hecho, estoy convencido de que la clave para tener una relación así de larga es aprender a enamorarse y reenamorarse.

Dicen que el amor y el enamoramiento no son lo mismo. En efecto. El enamoramiento es el momento, el flechazo, la pasión. Dura aproximadamente tres meses. El amor son los planes, la familia, los recuerdos. Eso puede durar toda la vida.

Sí, soy un romántico empedernido que cree en el amor eterno.

En lo que no creo es en el enamoramiento eterno.

Con una excepción...

A lo largo de estos cinco años me he enamorado, en varios niveles, de varias personas, eso lo admito. Pero lo dejo pasar, porque al mismo tiempo me he enamorado varias veces de la persona con la que escogí estar. Y eso es genial. Sin embargo, una de estas otras personas de las cuales me he enamorado se ganó un privilegio hermoso y terrible:

Se ganó el privilegio de que nunca me desenamoraré de él.

Así es, nunca voy a desenamorarme.

Por un lado, por lo particular de nuestro enamoramiento. Platónico, por decirlo así, por causa de la enorme distancia geográfica que nos separaba.

Pero por otro lado, y esto es lo mas importante, porque está muerto.

Y ahora ya no hay tiempo, a menos que haya una vida después de ésta, para desenamorarme de él. Para aburrirme de sus conversaciones o para hartarme de sus defectos. No hay tiempo para acostumbrarme a su presencia.

Es hermoso y terrible al mismo tiempo.

En menos de un mes se cumplirán dos años de su partida.

domingo, 17 de abril de 2011

Sueños recurrentes

No es que no sueñe yo, de vez en cuando, con viajar por el mundo, tirarme en paracaídas y hacer el amor a la orilla del mar. Pero en realidad mis sueños, los que sueño despierto, son mucho más aburridos.

Más bien soy un romántico (en el sentido peyorativo de la palabra) y, peor aún, un aburrido. Pero creo que ser un romántico aburrido es uno de los caminos más certeros hacia la felicidad.

Y es que mis sueños, los más recurrentes, se enfocan más bien es aspectos bien cotidianos, como hacer una lista de compras e ir al súper (¿o a la comer?)... contigo.

martes, 7 de diciembre de 2010

Sapin de nöel


Así me imagino yo:

Frío exterior, pero calor interno. Un gato que ronronea y trata de robarse un moño (porque cuando se tienen gatos no se puede tener esferas). Un poco de vino o mejor rompope de las monjitas clarisas (ése es más fuerte que el que venden en el súper). No suelo imaginar las cosas con acompañamiento musical, pero supongo que unos villancicos bajitos e instrumentales serían lo más apropiado. Hay sillones, sí, pero il faut sentarse en el piso. Las chamarras están prohibidas: suéteres y sólo suéteres. De preferencia color verde o rojo. Te imaginé a ti con el verde, supongo que porque yo siempre me visto de rojo.

Galletas. Que la dieta se vaya al demonio, joder, Navidad se disfruta mejor con galletas. Sobre la gente, no sé. Me gustaría ver gente. Familia.

(Ay, no, no, no, no, no).

Un beso tierno que se vuelve pasional después. No, mejor sin gente: sólo tú y yo, solos tú y yo. Y el gato. ¿Alguien le pidió a Santa un poco de sexo decembrino? Yo no, pero qué excelente idea. Lo que sigue son regalos frikis. Un videojuego, una gorra de Mario, una estrella de peluche, una playera de Zelda, un pokémon. Lo que sea, pero que sea friki o de perdida otaku (porque es algo que amo de ti y punto).

La imagen plástica debe detenerse ahí. Recuerda: sentarse en el piso con el suéter, rojo tú y verde yo (ya sabes cuándo intercambiamos). Darnos nuestro regalos y besarnos antes de abrirlos. El gato que se logró robar el moño sale en el fondo y es gracioso. Entonces tres dos uno flash. Luego podemos mandar la foto a nuestros amigos, bien signadas como sigue:

Felices fiestas os desea el matrimonio Leo-Yuki.

(Te tendré presente para suspirar esta Navidad).

Imagen tomada descaradamente de aquí.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Coso

Perdí la capacidad de expresar con palabras lo que siento por ti.