jueves, 7 de febrero de 2013

366 días

Hola diamante.

Hace un año y un día que te fuiste y te llevaste una parte de mi corazón. No, no te preocupes: esa parte era tuya, de modo que era natural que te la llevaras contigo. Quiero que sepas que estoy haciendo todo lo posible por ser feliz. Entiendo que el apego, incluso a las personas amadas, es negativo para la felicidad, porque todos, tarde o temprano, nos iremos algún día. Tú te fuiste temprano. 

Me hiciste aprender muchas cosas, Dargoncito, y te lo agradezco. Me consuela saber que la última vez que hablé contigo, te pude decir que te quería. Porque te quería. Aún lo te quiero. Me llenó de emoción cuando tu mamá me dijo que yo era tu mejor amigo. Wow... tu mejor amigo. Para mí, esas son palabras fuertes. Me alegra haber tenido ese impacto en tu vida... Fue un privilegio.

Gracias por todo. 

Te amo, Dragón tatuado. Tal vez podamos volver a vernos.

domingo, 6 de enero de 2013

6 de enero - Las rayas del Tigre


El Mimo llegó a casa del Tigre a eso de la una de la mañana, la pequeña bicicleta rosa rodando junto a él; el Mimo, tan alto, prácticamente no tenía que doblar su brazo izquierdo para alcanzar el manubrio de ésta, la hizo avanzar los últimos metros con una parsimonía ceremonial impropia de él... ese tipo de cosas eran el tipo de cosas que el Tigre hacía, como cuando terminaba el té sosteniendo la taza con las dos manos, inclinándola, siempre con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Cierto, el Mimo había esperado hasta la madrugada del seis de enero para llevar la bicicleta rosa por pura crueldad... y tal vez el Tigre no se lo merecía, pero qué chigá, el Mimo también tenía derecho a ser cruel de vez en cuando, ¿no? Al fin y al cabo, él también tiene sus propias rayas, y el Tigre le hizo la más reciente.

Sin soltar la bicicleta con la mano izquierda, el Mimo alargó su brazo derecho (no mucho, pues es un brazo largo, como todo él) y tocó el timbre. Escuchó. Ya sabía que el Tigre no estaría dormido, ¡faltaba más! El Mimo no podía jactarse de conocerlo tanto, pero se había acostumbrado un poco a sus manías, a su humor, a sus cambiantes estados de ánimo, a su histeria, a su risita irónica que tanto le cagaba, pero que no podía sacarse de la cabeza. Efectivamente, el Tigre estaba hecho una furia, gruñendo, arrancándose los cabellos, corriendo de un lado a otro, buscando hasta en los lugares más ridículos, en la alacena, abajo de la cama, en el refrigerador. Abrió la puerta con tanta furia que el calor de la casa le dio una cachetada al Mimo, quien trató de no inmutarse. El Tigre tenía los ojos rojos, entre enfurecidos y tristes, y era obvio que había estado llorando.

La expresión del Tigre se ablandó significativamente cuando vio al Mimo. No se lo esperaba. Ahí estaba, parado frente a él, ligeramente encorvado, como siempre, altote, largote, flacote, todo enorme en él. Lo observaba con curiosidad y con un poco de tristeza. Trataba de mantener una mirada severa, pero sus grandes ojos negros no podían dejar de ser tiernos. El Tigre no entendió al principio, pero cuando bajó un poco los ojos y vio la bicicleta rosa, fue como si Dios personalmente lo hubiera rescatado del infierno. ¡Por supuesto! ¿Cómo había podido ser tan tonto? Era ahí donde la había escondido, y la había escondido tan bien que, entre la furia y la tristeza y la melancolía y la decepción de su reciente ruptura, había tenido a bien olvidarlo. Sí, en ese momento el nudo de la garganta se desató y poco faltó para que el Tigre se echara a llorar o se le echara al cuello y se lo comiera a besos.

El Mimo vio los cambios de ánimo en los ojos del Tigre que eran siempre tan jodidamente expresivos y no pudo enamorar evitarse un poquito más. ¡Ay, Tigre, Tigre tonto! Ahora el Mimo se reprochaba mentalmente el haber sido tan cruel. El Tigre no tenía la culpa, por lo menos no toda la culpa. Ay, Tigre, qué guapo te ves y qué sexy y qué tierno con esos ojitos enrojecidos. Ya, respira, aquí está la bici para la oruguita. Llegaron los reyes magos, llegué yo. Pero no, Mimo, no debes enamorarte un poquito más porque ya no funcionó una vez y no funcionará de nuevo y no puedes terminar desnudo en su cama porque a las seis la nena despertará excitada queriendo ver los juguetes y sería muy embarazoso.

Así estuvieron un minuto mirándose con los ojos representando todas las emociones shaekspirianamente posibles, hasta que el Tigre habló. Iba a decir hola, Mimo, cómo estás, quieres tomar un café, pero sólo pudo decir Gracias.

Gracias.

Sí, el Mimo lo sabía y le dolió mucho, porque finalmente ese momento lo habían planeado hace casi un mes con muchas sonrisas y complicidad y un poquito de fantasía. No, la nena no la encontrará porque yo la guardo ya en mi casa. Ah, ¡gracias! Qué buena idea, porque me ponía nervioso cada que pasaba cerca de la cochera, ya ves que es muy curiosa y por más que le prohíba... al contrario, con más ganas va y se mete. Pero no te preocupes, yo te la traigo el cinco así sirve que también te traigo tu regalote. Ja ja ja. Ja ja ja. Regalote te voy a dar yo a ti, que tú eres el niño, y yo soy los reyes magos. ¿Cómo, los reyes magos no existen? ¡No me digas eso que me vas a hacer llorar! Sí, son los papás. Ja ja ja.

Pues al final fue el Mimo, aunque todavía sea un niño que apenas va saliendo de la facultad y que no sabe nada de la vida, el que la hizo de rey mago, y no habrá regalote ni nada, ni café, ni plática, te dejo la bici, porque la compraste con tu dinero y me voy que tengo sueño. No, espera, tómate un café, soy muy tonto, se me olvidó, si no, te hubiera hablado ayer. No, en serio. Ándale.

Ay, Mimo, al final accediste y estás ahí sentado en la misma silla en la que estabas cuando se pelearon, se dijeron sus verdades, se mandaron a chingar a sus respectivas (ex) suegras. El Tigre prepara té y café descafeinado. Están en silencio. Qué momento tan incómodo. Fue una mala idea.

Hay que romper el hielo. Qué frío hace allá afuera, ¿verdad? Sí, es obvio que hace frío, es seis de enero. Mejor algo como ¿y cómo vas en la escuela? Bien, ya nada más tengo que entregar dos proyectos, pero ya casi están terminados. ¿Y tú ya viste lo de los trámites de titulación? En eso estoy, es un lío. ¿Y tu trabajo? Bien, Sergio me propuso que montáramos un show. ¿Magia y mímica? Oye, la cafetería de ese cuate al rato se va a volver circo. Y su perro tan melenudo podría hacerle de león.

El Tigre se sentó junto al Mimo y puso las tazas sobre la mesa y le sonrió tímidamente. Hey, gracias por lo de la bici, neta que estaba a punto de pegarme un tiro. No hubiera soportado la decepción en su carita. Ya... no te preocupes, en eso quedamos. El Mimo tampoco hubiera soportado saber que la oruguita se decepcionaba. Finalmente, la niña no tenía la culpa de que su papá y su novio se hubieran peleado como quinceañeras tontas. Y al final también le agarró algo de cariño. No era como si la empezara a ver como a su propia hija, y el hecho de pensar que técnicamente era casi su padrastro le daba escalofríos, pero no podía dejar de quererla, tan tierna y risueña. Además, aunque el Tigre solía tener un humor de perro rabioso bipolar, siempre, ante su sola presencia, sonreía de esa manera tan maravillosa. Sí, la niña es la culpable de que se enamorara.

Ay... no es una relación normal, Tigre: le llevas al Mimo diez años. Más o menos. Tienes una hija. Más o menos. Eres dos veces viudo. Más o menos. Estás muy rayado y desde el primer momento sabías que terminarías lastimándolo. Porque al fin y al cabo, el Mimo no es más que un niño que acaba de terminar la carrera, que vive con sus papás, que trabaja de mesero en una cafetería cuyo dueño es un mago aficionado... Necesitaría conseguirse un novio de su edad, ir al cine en las tardes, dedicarse a buscar trabajo sin estresarse demasiado porque sus papás le siguen sirviendo la comida a las cuatro en punto frente al televisor. El Mimo es un niño que ve caricaturas. Y sí, tú también ves caricaturas, pero no puedes engañar al tiempo y a las circunstancias. No puedes ser un novio adolescente que se va de pinta con su chico para revolcarse un rato en los asientos de hasta atrás del cine. Tienes que ir a la escuela, echarle muchas ganas, trabajar, llevar a la niña a la primaria, a las clases de natación, preparar la comida, hacerle el lunch, regañarla. No puedes hacerlo todo: papá, mamá, estudiante, novio adolescente, empleado mal pagado. Puros milagros contigo.

Al final, el Mimo se fue a su casa cuando empezaba a amanecer. El Tigre puso la bicicleta junto al árbol, sobre el asiento el zapato de la niña, practicó frente al espejo su mejor cara de sorpresa y se fue a la cama. El cansancio le ganó a los sentimientos y se quedó dormido. Era domingo. La niña, que el día anterior había estado hiperactiva, no se levantó hasta las diez, pero cuando lo hizo, fue a brincar a la cama del Tigre, quien se despertó sobresaltado.

Habían llegado los reyes magos.

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Mi tocayo, el Tigre de Tigretón Tontón, hace como medio año, ofreció los Premios Tigretón y me tocó el honor de recibir uno de ellos; sin embargo, el premio venía acompañado de un reto consistente en escribir un pequeño cuento.

Está bien bonito T_T Ay, lo amo


En teoría el cuento debería estar relacionado con la imagen y como ven, en realidad no lo está. LOL. Si se estira demasiado la idea del circo mencionada casi al margen, podría inventarme una justificación, pero la verdad es que no, no hay justificación. El cuento está dedicado este Día de Reyes al Tigre, a quien quiero mucho, y está, por cierto, basado en un suceso de la vida real que, no obstante, alteré y cambié hasta el punto que no lo reconoce ni su madre.

Espero que les haya gustado.

sábado, 15 de diciembre de 2012

One billion and Un billón

In Spanish "un billón" is not the same than in English "one billion", in Spanish it is 10¹² (12 zeros = un mllón de millones) and in English it is (10⁹) (9 zeros = a thousand millions). According to this video by Dr James Grime and Dr Tony Padilla, the Spanish way is mathematically more logical.

But in Spanish, the logic in that is not just mathematical, but also linguistic (and not just etymological as shown in the video): "un millón" (10⁶) and "un billón" (10¹²) are not numeral determiners, but nouns; so we say "mil cosas" ("mil" is a numeral determiner -a.k.a. numeral adjective) but "un millón DE cosas" and "un billón DE cosas". There is no need to have a word for a number that can already be expressed with a rather simple expression as "mil millones"; just when the last numeral determiner possible is used (999,999 = novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve is STILL a determiner), then we need another noun to avoid a complex expression as "un millón DE millones DE cosas".



PS: Escribí este post en inglés porque en un principio era un comentario para el video mismo, que está en inglés. Pero quedó muy largo y me gustó, así que decidí publicarlo acá.

martes, 4 de diciembre de 2012

¿Para qué estudias eso?

Se supone que uno tiene vocación y que la vocación determina lo que se debe ser para ser feliz. Si es una vocación práctica y "útil", como ser cocinero o ingeniero automotriz, todos contentos. ¿Pero si nuestra vocación no es tan útil para los estándares de la vida moderna, de la cultura occidental? Entonces se nos critica, se nos dice que no triunfaremos en la vida o que moriremos de hambre. Incluso, se nos cuestiona... ¿Para qué quieres estudiar eso? Nótese la preposición. Yo no estudio PARA algo, yo estudio POR algo. Porque la respuesta a "¿por qué?" varía de persona a persona, pero la respuesta a "¿para qué?" debería ser siempre la misma: PARA SER FELIZ.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Banderas, patriotismo e identidad

El "grito" de independencia; imagen robada vilmente de facebook.

Gracias a mi ñoñez académica y a una muy conveniente beca, tuve la oportunidad de pasar la primera parte de este año en Francia, estudiando un semestre de mi carrera. 

Yo nací en México: soy mexicano. No soy la persona más patriota del mundo; de hecho, si bien considero que amar a la patria no tiene nada de malo, no me parece el más importante de los valores cívicos y, más bien, considero que, en exceso, el sentimiento nacionalista es sumamente peligroso (como la historia se ha encargado de demostrar); no veo en el llamado "malinchismo" un defecto y, todo el mundo lo sabe, uno de mis proyectos para el futuro es emigrar. Me gusta decir, cursimente, que soy "ciudadano del mundo", y uno de los derechos humanos que más defiendo (y que resulta ser uno de los más pisoteados) es la libertad de tránsito.

A pesar de todo eso, yo no me avergüenzo de ser mexicano y hasta albergo en mi corazón un cierto orgullo por serlo. Ser mexicano es una parte de mi ideantidad que no podrá cambiar nunca y que no quiero que cambie, y al tener la experiencia de vivir en el extranjero, descubrí también la emoción y el placer de ser mexicano: distinguir la bandera de México, hábilemente camuflajeada entre las banderas italianas (eso me pasó en Roma); encontrarse con un compatriota en el metro y saludarlo con alegría porque lo escuché hablando mi dialecto del español, o preparar una exposición sobre la fête des morts que extrañara, interesara, maravillara o conmoviera a mis compañeros de curso, italianos, españoles, chinos, búlgaros y rumanos. Estar en el extranjero no me hizo exactamente extrañar a mi país (aunque tal vez porque estuve muy poco tiempo), pero sí me hizo encontrarle un gran placer a vivir y compartir mi identidad: ser diferente me hacía especial e interesante, y cuando se tiene buena voluntad, los díalogos interculturales en los que se comparte la propia cultura, pero también se aprende de la cultura ajena, resultan una de las más enriquecedoras experiencias.

Hoy (y no sólo por mi experiencia en el extranjero, sino por la madurez que, en general, he ido adquiriendo al crecer) me doy cuenta de lo importantes que son los símbolos, entre los cuales la bandera es el símbolo por antonomasia. Un símbolo trasciende lo que es, su forma física y sus colores, y adquiere un significado enorme: el símbolo es la expresión de toda la identidad, una de las cosas que, a nivel individual y colectivo, más apreciamos los seres humanos. 

Sin embargo, no siempre fue así. De hecho, de niño y preadolescente, crecí detestando la bandera tricolor. No era tanto una cuestión de "malinchismo" (aunque en parte sí me daba cuenta y despreciaba las deficiencias de mi país); más bien, la educación para el patriotismo resultó ser un arma de doble filo. En efecto, durante casi una década se me exigió que todos los lunes me parara bajo el rayo del sol, en posición de firmes, durante una buena media hora, incómodo hasta el paroxismo y enfundado en un horrible uniforme para "rendir honores", saludando con un gesto que ma parecía de lo más ridículo, a un pedazo de tela que se paseaba por el patio de la escuela. Así lo pensaba en ese entonces y la escuela me enseñó, contrariamente a lo que el sistema pretendía, a no apreciar en absoluto ese símbolo que para mí simbolizaba una ceremonia cansada e inútil.

Ahora me doy cuenta de la importancia de los símbolos y hasta me pongo de pie para escuchar el himno nacional, pero me sigue pareciendo que la ceremonia de honores a la bandera, con su instrucción militar velada y el cinismo que los profesores (el "honorable presidium") exhibían, colocándose en el único lugar con sombra y con su botellita de agua al lado, es algo a lo que no debería obligarse a los niños pequeños, no porque la ceremonia en sí sea mala, sino porque ellos no entienden (o, por lo menos, yo no entendía) el objetivo de ella, y porque enseñar a niños pequeños ritos autómatas como saludar a un símbolo parece, más que educación, adoctrinamiento. 

Yo creo en la importancia de los símbolos y de la identidad, pero también creo en el derecho al individualismo, a que cada quien pueda elegir qué partes de su identidad (personal, nacional, lingüística, sexual) apreciar y demostrar (así como militar por éstas) y que partes reservar a un esquema más privado o, incluso, cambiar (en la medida en que esto sea posible; todos sabemos, por ejemplo, que es imposible cambiar la orientación sexual o la lengua materna, mientras que sí es posible cambiar de ideología política o religiosa; en cuanto a la nacionalidad, si bien no es posible deshacerse de ella [en el caso de los mexicanos por nacimiento], sí es posible agregar una segunda o tercerea y cambiar de país de residencia).

Y sobre las fiestas... bueno, creo que cualquier excusa es buena para celebrar.

¡Viva México!

lunes, 4 de junio de 2012

Judas Kiss

¿Conocen a Brent Corrigan? Seguramente sí, no se hagan. Es un actor porno gay muy popular.


Pues bien, Brent últimamente ha decidido que quiere ser recordado por algo más que su enorme pene, su delicioso culo y su coqueto tatuaje en forma de estrellita, y por eso ha empezado a aparecer en películas que no son porno, aunque sí son muy gays: tuvo un rol secundario en Another Gay Sequel, que es la secuela de una especie de American Pie gay que no he visto pero que tiene muy mala pinta; también apareció, aunque sólo incidentalmente, en Milk, una película mucho más meritoria.

Brent Corrigan, o Sean Paul Lockhart, que es su verdadero nombre y el que al parecer ahora prefiere, dio personalmente mucha promoción a una película llamada Judas Kiss. Una película de temática gay, por supuesto, pero que, cuando vi el trailer, me llamó bastante la atención, pues no es para nada una comedia barata como Another Gay Movie y su secuela.


Judas Kiss es la historia de un cineasta fracasado que en su juventud ganó un premio al parecer importante. Años después, amargado con la vida, se ve obligado, contra su voluntad, a ser uno de los jueces en el mismo concurso que ganó de joven.

La noche anterior al día en que conocería a los concursantes, nuestro héroe va a una fiesta y se enrolla sexualmente con un muchachito muy sexy y mucho más joven que él. Al día siguiente, oh, sorpresa, resulta que su ligue de una noche es uno de los concursantes.

La trama en ese momento parecería ya lo suficientemente cliché, pero un elemento nuevo hará que las cosas se compliquen: resulta que el cortometraje que el joven cineasta wannabe presenta para el concurso es exactamente el mismo que el juez presentó años atrás. Es más, el joven concursante de hecho tiene el mismo nombre que el juez usaba en su juventud (y que cambiaría después por conveniencia de la trama).

Obviamente, tras pasar por las dos fases reglamentarias en este tipo de situaciones (una: pensar que todo es una broma y dos: sospechar que se ha vuelto loco), nuestro protagonista acepta el sobrenatural hecho de que se ha visto envuelto en una especie de doblez temporal y de que eso significa que tiene una misión importante que cumplir: evitar que su yo joven se convierta en el amargado y fracasado yo actual... y para lograrlo, deberá evitar a toda costa que gane el concurso, exponiendo frente a todos que en realidad hizo trampa: una trampa muy sutil, tan sutil que la verdad yo no entendí cuál era, pero que él evidentemente conocía (pues fue él mismo quien la perpetuó).

¿Y Brent Corrigan en dónde sale, por cierto? Su papel es el del buen mozo, simpático y tierno que conquistará (creo) el corazón de nuestro joven protagonista.

Al final, el personaje logra evitar que su contraparte juvenil gane el concurso y con ello alcanza la felicidad. La película falla en explicar por qué demonios perder el concurso era tan importante para lograr el éxito, y cuando terminé de verla sólo pude pensar... ¿y luego...?

La idea del hombre que vuelve al pasado para evitar que su yo del pasado haga tonterías es una idea reciclada (aunque el hecho de que el personaje haya tenido sexo consigo mismo es un punto original, pero intrascendente). Si hay algo que le puedo reconocer a la película, empero, es que no hace del hecho de que el personaje sea gay un gran alboroto. O sea, que no es una película gay, sino una película cuyo personaje es gay, lo cual me parece meritorio, aunque no suficiente. Las actuaciones no son malas, pero no sobresalen, y los personajes resultan atractivos más por sus lindas caras (que la verdad sí están bien pinches guapos todos, no se puede negar) que por sus elaboradas personalidades.

Sean (o Brent, como sea) no logra con esta película demostrar un talento que vaya más allá de su cuerpo perfecto y de su dulce rostro, de modo que falla miserablemente en su cometido. No me lo tomen a mal, no quiero decir que el chico no tenga talento para el cine no pornográfico, sólo que si lo tiene, esta cinta no logra mostrarlo.

Me parece muy bien que Lockhart quiera triunfar en un mundo más allá del porno, pues se nota que tiene cerebro y que es un buen tipo, y, aunque no me parece para nada vergonzoso su trabajo de estrella porno, yo tampoco querría ser recordado sólo como un juguete sexual. Espero, sin embargo, que sus próximos proyectos sean más logrados que éste, y que se desligue un poco del "cine gay", no porque tenga nada de malo este tipo de cine, sino porque sus consumidores no pueden dejar de ver en Sean a Brent Corrigan.

No recomiendo Judas Kiss, aunque creo que no es una película tremendamente mala. Visualmente, excepto por el efectillo especial barato que usan en los momentos de mayor tensión temporal (todo como que brilla para dar a entender que algo sobrenatural está sucediendo...), tiene lo suyo, y no me aburrí viéndola.

miércoles, 2 de mayo de 2012

11 meme 11

Mi tocayo Tigre (cuyo blog es uno de mis favoritos y que, por cierto, siempre me ha llamado la atención con la particular coincidencia entre nuestros nombres y apodos - Francisco Tigre, Francisco LeÓn) me etiquetó en este meme. Siempre, en mi época de blogger, me emocionaba mucho que me etiquetaran en estas cosas, aunque no sucedía muy a menudo; con el declive de los blogs al que yo mismo he contribuido, es evidente que ahora sucede mucho menos. Y sin embargo, mi tocayo se acordó de mí y le estoy agradecido.

Las reglas son estas: él hace 11 preguntas que yo debo responder; después yo hago 11 preguntas que otros 11 responderán y así hasta el infinito.

Voici :

1. Describe tu habitación, o ese rinconcito que refleje tu persona.

Mi cuarto está bien iluminado, tiene un tragaluz que me ayuda a dormir cuando hay lluvia (el sonido de las gotas contra el cristal me arrulla) y es a la vez la parte más caliente y la más fría de mi casa (se calienta mucho de día, se enfría mucho de noche; se calienta mucho en verano, se enfría mucho en invierno). Hay una cama, varios libreros llenos de libros (de los cuales muchos no he leído y están en la fila de espera), el escritorio de mi computadora, un buró, una ventana con cortinas (no persianas, porque odio las persianas). Lo más remarcable probablemente sean las paredes: me encanta pegarles cosas. Posters, envolturas de chocolate, dibujos que me han hecho, postales de lugares a los que he ido... no se trata de un ejercicio semiótico (por lo menos no conscientemente hablando), es decir que lo que pongo en mis paredes no necesariamente significa algo y no se supone que refleje mi personalidad o algo así; más bien es por razones estéticas: según yo, se ve chido.

2. Dónde te gustaría viajar: en el futuro, en el pasado. A qué época? Por qué?

Si tuviera que hacer turismo temporal, me gustaría viajar a lugares en los que he estado en sus épocas de gloria. Por ejemplo, cuando voy a ruinas (recientemente fui a un teatro romano antiguo), me gustaría ver cómo era realmente en la época en la que se representaban obras de teatro durante el imperio romano. Con la idea de comparar de manera viva cómo era antes y cómo es ahora. Ahora bien, si fuera para quedarme a vivir, preferiría el futuro. Sí, ya sé que no pinta muy bien, pero la verdad es que soy optimista y me gustaría ver los adelantos tecnológicos.

3. Un sueño inconcluso.

No sé si aquí sueño se utilice en sentido onírico. Decidiré que sí, porque todavía estoy joven para decir que mis sueños y ambiciones se quedaron inconclusas :P. En realidad, todos los sueños son inconclusos. Le daré la vuelta a la pregunta y contaré esa vez que soñé que me asesinaban. Así, llanamente un ladrón se metía a mi casa y me disparaba en el pecho. Es la única vez que he soñado que me muero y el sentimiento fue rarísimo. Podría ser el único sueño de mi vida que ha concluído, pero al despertarme (porque me desperté al morir) tenía la sensación de que algo faltaba.

4. Cuánto es lo menos de tiempo que te has acabado de leer un libro?

Un día: Harry Potter y el Caliz de Fuego. No es el único que he leído en un día (los tres anteriores de la serie, entre otros libros, se incluyen en esa lista), pero es remarcable porque es bastante larguito.

5. Qué película te hizo carcajearte hasta doblarte?

Vaya... no estoy muy seguro. Varias de las películas de la serie Scary Movie han logrado ese efecto, pero no sé cuál lo hizo mejor. También algunas de ese mismo estilo, como esa de Vampire Suck (parodia de Twilight), que son muy malas, pero con las que se pasa chido el rato.

6. Con qué canción te identificas más?

Soy una persona muy poco musical, pero hubo una época en la que me sentía muy identificado con una de Reik (creo)... algo sobre "Yo quisiera ser ese por quien..."; ni siquiera estoy seguro del título (¿Yo quisiera?). Ahora ya no me identifico con ella, pero marcó una buena parte de mi vida :P. En estos momentos, no se me ocurre una canción que me identifique (que no es lo mismo que una canción que me guste).

7. Defectos que odias en las personas.

Si tengo que odiar algo en las personas, es el que no sepan escuchar. Cuando intentas hablar con alguien y te interrumpe, te ignora o te da el avión. Me enfada. Si no, también odio que la gente fume (no a la gente que fuma). Y también a las personas desesperadas (ahí me identifico un poco). Ahora que estoy en Francia, he visto a mucha gente desesperada por fumar. Están en el autobús con el cigarro en la boca y el encendedor en la mano para poder prenderlo justo en el preciso instante en el que atraviesan la puerta y entran en el glorioso territorio de se puede fumar. Me irritan mucho.

8. Háblanos de la comida tradicional de tu país. Cuál es tu favorita? Qué lleva?

Soy Mexicano y la comida mexicana me gusta excepto porque no soporto el picante (sí, lo sé, soy un gran bicho raro en México). Si no, me encantan los tacos al pastor, que son tacos de tortilla de maíz con carne preparada especialmente ("al pastor", duh xD)... se acompañan generalmente con piña, pero a mí no me gusta. Por otro lado, las tortillas (de maíz, no de harina de trigo) son un complemento indispensable en prácticamente todo lo que como, desde los huevos del desayuno, el arroz, la pasta, la ensalada... prácticamente todo me lo como con tortillas. Las amo.

9. Anécdota de tu infancia que quieras compartir.

Más que una anécdota, contaré algo que creía cuando era niño (lo recordé con el HashTag de Twitter #DeNiñoCreíaQue, que se popularizó el 30 de abril): mi hermana me spoileó la realidad sobre los reyes magos a muy corta edad, pero mi infantil mente no se resignó e inventó otra fantasía igual de inverosímil e incluso más bonita: el 5 de enero, a la mitad de la noche, todas las jugueterías estarían abiertas y los padres de todo el mundo acudirían a conseguir juguetes en una enorme fiesta nocturna de luz y color. Después comprendería que los juguetes los compraban semanas o incluso meses antes )=.

10. El buen beso debe ser...

Es difícil de definir un buen beso. No debe ser muy baboso, debe empezar lenta y dulcemente y luego volverse más apasionado. Descubrí que lo más importante es que haya práctica, porque los primeros besos son por lo general malos (y sí, me enteré de que algunos de mis primeros besos dijeron que yo besaba mal, y lo cierto es que ahora me doy cuenta de algunos defectos en mi manera de besar en esa época).

11. Chocolate o fresa? XD

Chocolate. Mil veces chocolate.

Et voilà ! Ahora haré mis once preguntas...

1. ¿Alguna vez has estado enamorado de dos (o más) personas a la vez?
2. ¿Alguna vez has aplaudido en el cine, cuando se acaba la película? Si sí... ¿en qué película?
3. Si tuvieras que elegir aprender un idioma que NO fuera inglés, alemán, japonés, chino o cualquier lengua romance, ¿cuál sería y por qué?
4. Háblanos de tus hábitos de sueño.
5. ¿Mar o montaña?
6. Cuéntanos la historia de tu firma (sí, con la que firmas los cheques y los documentos).
7. ¿Frío o calor?
8. ¿Quién es tu mejor amigo y por qué es tu mejor amigo?
9. ¿Qué nombre le pondrías a tu primer hijo varón? ¿Por qué?
10. ¿Qué nombre le pondrías a tu primera hija? ¿Por qué?
11. ¿Qué escuchas en este momento?

Y mis nominados son...

Chin, no creo tener a once lectores ni siquiera como para nominar a once personas... Empezaré por mi otro tocayo, que recién retomó su blog (así tienes algo qué escribir que no sean tus traumas xD). Y... no sé, ese chico Darky que a veces me comenta (a pesar de que su blog lleva abandonado más tiempo que el mío). Vamos dos... emmm... En tercer lugar, al Xavy, que desde que es tuitstar se olvidó de los blogs. Yeah. Y después... ah demonios, esto es demasiado difícil! Quien lo quiera hacer, que lo haga, pues, y me ponen un comentario indicándome que lo hicieron y los añado a la lista. Sé que es trampa, pero pues... qué se le va a hacer.

Los amo.