sábado, 15 de septiembre de 2012
Banderas, patriotismo e identidad
lunes, 4 de junio de 2012
Judas Kiss
miércoles, 2 de mayo de 2012
11 meme 11
2. Dónde te gustaría viajar: en el futuro, en el pasado. A qué época? Por qué?
martes, 7 de febrero de 2012
Epitafio de un Dragón
Hace unos cinco años, más o menos, me agregó al MSN un chico que no recuerdo si me dijo su nombre, pero que me dijo que le podía llamar Dragón. Dragón porque rimaba con LeÓn (ése soy yo) y porque tenía un tatuaje de dicho animal mitológico en una pierna (el tatuaje estaba próximo a ya sabes dónde, y Dragón, pudoroso, no me lo quiso mostrar nunca en la cámara web). Hablamos un par de veces y después desapareció. Al poco rato me agregaste tú. Tu nombre: Alejandro, pero yo te llamaría Alex. Alex, aunque pronunciado Alej, porque en tu dialecto del español, el de Bolivia, las consonantes s y x al final de palabra se aspiran, hasta el punto en el que cuando te escribías con tus amigos en facebook, podía ver que alteraban la ortografía (y escribían puej en vez de pues).
Te ganaste mi cariño al poco rato, pues eras un chico tierno e inteligente con el que daba gusto conversar. Una de las conversaciones más curiosas que recuerdo fue cuando, al enterarte de que me latía la lingüística y de que tenía cierta manía con la corrección al hablar y al escribir, me comentaste que seguramente me desagradaría el hecho de que fueras incapaz de hacer la distinción entre y y ll. Yo no sabía que en Bolivia esas letras se pronunciaran diferente, pues en México esa distinción no existe. Ni me daría cuenta, descuida, te dije. Lo cierto es que mi propia formación académica me iría despegando de los prejuicios en contra de las hablas vernaculares, de todos modos. Y a pesar de que no tenías tan buena ortografía, siempre intentaste mejorarla, en especial al hablar conmigo; me pedías que te corrigiera y que te enseñara.
Además de Lady Gaga, te gustaba mucho cocinar, nadar, y jugar ajedrez. Existe en la web un blog que iniciaste y en el que no volviste a escribir, pero que deja constancia de eso. No recuerdo si alguna vez jugamos ajedrez, que era de esas tres cosas la única que podíamos compartir a pesar de la distancia.
Siempre fuiste muy lindo conmigo. Siempre me levantaste el ánimo cuando lo necesitaba. Recuerdo esa vez que te dije que estaba molesto conmigo mismo por haber sido un niño tan flojo y por no haber aprendido a hacer la vuelta de carro (que ustedes llaman media luna). Tras hacerme una demostración en la webcam, me escribiste en mi muro de facebook Nunca es tarde para aprender. Una vez, debido a mi depresión causada por el amor no correspondido y la soledad, me dijiste algo que me hizo pensar que si no fuera porque vivíamos muy lejos, te hubiera pedido sin dudarlo en ese mismo instante que fueras mi novio. Me duele no recordar las palabras, pero sí recuerdo habérselas comentado a una amiga, quien reaccionó con algo así como wow.
De hecho, sé que yo tampoco te era indiferente. Experimentabas por mí una admiración que a veces yo no entendía y un cariño que iba más allá de la amistad. Una vez llegaste borracho a tu casa y me hablaste por facebook para decirme las dos palabras más peligrosas del mundo: te amo. ¿Este mexicano con quien tu más cercano contacto había sido a través de una cámara web y un micrófono se merecía que le dedicaras esas palabras? No dudo que fuera verdad. De cierto modo, yo también te amaba, pero no me animaría a tener una relación a distancia. De todas maneras, decías que algún día estaríamos más cerca, y cuando te dije que me había puesto de novio con Jesús, me escribiste (¿estabas celoso?) que sólo no me casara muy pronto.
Un día, ya hace no mucho, me enteré de que el Dragón que me había agregado al MSN hace muchos años, era la misma persona que tú. Cuando sospechaste que te había bloqueado (tal vez por no saber quién eras te borré en una de esas limpiezas de contactos que ya nunca hago), creaste otra cuenta y me volviste a hablar. Peor aún, el Alex que conocí era en realidad la tercera cuenta con la que hablamos. La segunda pasó verdaderamente desapercibida. Tal vez en otras circunstancias eso hubiera sido un poco creepy, pero después de varios años de sincera amistad y de un gran cariño, enterarme de que eras mi stalker sólo me causó gracia y cierta ternuar. Te pedí, con un dejo de lujuria, que me mostrarás el tatuaje de dragón del que no me había olvidado. Algún día te lo enseño, me dijiste, pero ahora no, que me da mucha pena. Nunca lo hiciste, pero una vez soñé que lo veía.
Nuestro amor era muy platónico, y eso también lo sabías tú, por lo que tampoco dejaste de buscar una pareja cerca de ti. Recuerdo que hace no mucho tenías varios pretendientes, y uno de ellos era nikkei (ascendiente de japoneses). Me dijiste que no te interesaba aprender japonés, pero yo insistí en que si de verdad andabas con él, no desaprovecharas la oportunidad, pues igual podrías practicarlo un poco conmigo. Al final no le hiciste caso a ese tal japonesito.
Cuando te conocí estudiabas arquitectura, pero luego la dejaste para dedicarte a otras cosas. Dejaste de estudiar y preferiste trabajar. Eras un hombre de negocios y eras bueno para ello, algo que admiraba bastante porque yo jamás podría ser mi propio jefe. Estaba convencido de que algún día serías millonario.
El año pasado me comentaste que querías hacer un viaje. Tal vez a México, para conocerme. Yo te propuse que mejor vinieras a Francia en junio del 2012... no sólo porque me parece un lugar más interesante que Toluca, sino porque también me apetecía tener un compañero de viaje para recorrer una pequeña parte de Europa. Según tú, para mediados del 2012 habrías ahorrado suficiente dinero para que finalmente nos conociéramos en persona, en el viejo mundo.
La última vez que hablamos fue hace unas tres semanas, el 17 de enero. Dos días después de haber llegado a Francia. Te comenté cómo era la residencia universitaria en la que me estaba quedando, me preguntaste si cocinaría mi propia comida, te prometí que cuando vinieras comeríamos alguna especialidad regional juntos. También me contaste que habías estado enfermo (anemia, me dijiste), pero que ya estabas bien.
¿Fue esa anemia un síntoma de algo más grave que no te detectaron a tiempo y que se complicó? No lo sé, sólo sé que hace un par de días un familiar tuyo escribió en tu muro de facebook que tuviéras ánimo, que todo saldría bien. Supe en ese momento que algo andaba mal y te escribí en ese mismo medio que también contabas con mi apoyo, y que ojalá te pudieras comunicar pronto conmigo. Ya no lo hiciste. Ayer, al llegar a mi cuarto, vi que una tía tuya me había mandado un mensaje. Mi sobrino ya no está con nosotros, ahora está con Dios.
Alex, Dragón... Sé que en Bolivia, familiares y amigos tuyos lloraron tu muerte, pero en Lyon, a miles de kilómetros de tu último lecho, un chico mexicano se sintió tremendamente solo al no tener ningún hombro amigo sobre el cual llorar. Pero igual lloró, lloró tu muerte e imploró por tu noble alma, y prometió honrar tu recuerdo.
Fuiste un gran amigo, uno de los mejores. Siempre estarás en mi alma y en mi corazón. No te olvidaré, Alejandro, porque no mereces ser olvidado. Sirva este texto de un bloggero fracasado que hacía mucho que no escribía para que tu memoria no se pierda. Te quise, te quiero y querré siempre. Y que conste ante el universo que estas palabras humedecidas por las lágrimas de un leÓn enjaulado se escribieron en la ciudad de Lyon, Francia, el día 7 de febrero del año 2012.
Francisco Fargok O.
Requiescat In Pace

Pedro Alejandro Apaza Argandoña, Dragón
viernes, 18 de noviembre de 2011
¿Así soy yo?
domingo, 26 de junio de 2011
Vivir al máximo antes de los treinta años
Recientemente leí en el facebook de un compañero la siguiente frase: “Sí, quiero vivir al máximo y no, no quiero cumplir treinta años”. Este chico, muy inteligente, por cierto, es de esos tipos que todos sabemos no llegarán a viejos. Drogas, alcohol, fiestas desenfrenadas… realmente no sé en qué tantas ondas raras esté metido y no quiero saberlo. Es su vida y él puede hacer con ella lo que le plazca.
Hombres de noventa y tantos que corren mejor que tú
Sin embargo, su comentario me ha hecho pensar en muchas otras personas que me han dicho que no quisieran llegar a ser viejos. “Yo prefiero, dicen, vivir intensamente”. ¿Vivir intensamente se opone a llegar a viejo? ¿La intensidad de la vida de uno es inversamente proporcional a los años vividos?
Entiendo que lo de las drogas, el sexo desenfrenado y sin protección, el alcohol y todas esas joyitas sea para muchos la definición de vivir intensamente, pero si lo que quieren es probar de todo, entonces ese comportamiento y esa actitud (sobretodo esa actitud) los privará de muchas otras que cosas que no alcanzarán a probar. Tal vez esas otras cosas son demasiado cursis o aburridas para ellos, pero, a mi parecer, hacen la vida incluso más intensa.
Me parece un poco triste que tanta gente vea con tantísimo miedo la vejez (y ni siqueira la vejez, porque cumplir treinta años no es ni de lejos ser viejo) y prefieran privarse de lo más fantástico que nos ofrece el universo: la vida.
En el mismo tenor, un amigo me comentó que si él quedara discapacitado de alguna manera (sordo, mudo, cojo), preferiría morir. ¿Por qué? ¿Porque entonces no podría vivir intensamente?
Si yo me quedo mudo o sordo, tendré una excusa para hablar todos los días en Lengua de Señas (idiomas hermosos que tengo la intención de aprender de cualquier manera); si me quedo ciego, aprenderé a leer braile y nada me impedirá que me desarrollé intelecualmente; si de pronto ya no pudiera moverme de la cintura para abajo, usaría una silla de ruedas (que por cierto es divertidísimo, por si nunca se han sentado en una de ellas).
No quiero decir que me gustaría quedar discapacitado, pero creo que una buena actitud hacia la vida puede compensar con creces cualquier problema.
Yo quiero vivir intensamente y quiero cumplir ciento veinte años.
domingo, 17 de abril de 2011
Sueños recurrentes
Más bien soy un romántico (en el sentido peyorativo de la palabra) y, peor aún, un aburrido. Pero creo que ser un romántico aburrido es uno de los caminos más certeros hacia la felicidad.
Y es que mis sueños, los más recurrentes, se enfocan más bien es aspectos bien cotidianos, como hacer una lista de compras e ir al súper (¿o a la comer?)... contigo.


